6/07/12 Cine

3, de Pablo Stoll


La nueva película del uruguayo Pablo Stoll espía la cotidianeidad de una familia en clave de tragicomedia y absurdo. / Por Javier Diz

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Cada vez que alguna película uruguaya se estrena en la Argentina se hace inevitable la descripción de un universo en común entre muchas o casi todas esas propuestas. Y se suele repetir como loro un cúmulo de atributos que comparten en patota, y la unificación de un tono particular dado por distintos elementos: cierta melancolía, el humor absurdo y asordinado, personajes absortos en su letargo, de pocas palabras, la ciudad como escenario neutro ajeno al pintoresquismo y un largo etcétera que le cabe a muchas de ellas. Pero Gigante (Adrián Biniez), La vida útil (Federico Veiroj), Norberto apenas tarde (Daniel Hendler) y, claro, las que llevaron la firma de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, Whisky y 25 Watts, comparten más que un tono: “Esas películas son de amigos, personas con las que convivimos desde hace años, con los que hablamos de cine hasta el cansancio, y entre nosotros tenemos muchas más cosas en común que el hecho de hacer películas. Podría sumar a Manolo Nieto, a Diego Fernández, a Álvaro Brechner e incluso a Ana Katz, aunque sea de Caballito. Es algo que tiene que ver con un grupito de gente que coincide en un lugar y en un momento”, aclara el propio Stoll, y despeja teorías forzadas.

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La manera de actuar de cada uno de los personajes se caracteriza por exhibir ese absurdo que, por habitual, se vuelve imperceptible para quienes lo generan, pero gigante para el espectador.

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3 es la actualización de esa manera de ver el cine que comparten Stoll y sus colegas. La película cuenta los días de una familia, o lo que fue de ella, cuya estructura endeble intenta ser reestablecida cuando Rodolfo prueba un acercamiento a Graciela, su ex mujer, y a Ana, su hija, quienes, como él, están pasando por momentos personales complicados. “Son personajes que están cambiando, los agarramos en el medio de ese cambio y hay dudas, experimentos, idas y venidas”, aclara Stoll. Rodolfo es dentista, pero llena sus horas con su obsesión por las plantas, mirando películas clásicas y jugando al fútbol con aquellos que le dan un poco de bola; Graciela se pasa el día cuidando a su tía enferma en un hospital, donde conoce a un hombre con quien parece entablar una relación; y Ana –quizás el personaje más complejo de los tres, aunque todos tienen el mismo peso– vive su adolescencia como anestesiada, con una rebeldía con la que se enfrenta a sus profesores, sus compañeros de colegio y al sexo opuesto. No le importa ni su viaje de egresados a Bariloche, ni participar del campeonato de handball que se viene. Parece estar suspendida en ese momento de transición, casi una zombie a la espera de su próxima presa –como los personajes de Ezequiel Acuña, aunque sin la afectación exageradamente siome de estos. Lo único que parece mover su estantería emocional –la que imaginamos a punto de estallar– es la música. Escucha discos –actividad que parece heredada de su padre– y va a conciertos. De todos, es quien parece tener un mundo interior más abismado, o menos comprensible para los que la rodean (“no sé qué te pasa, quiero que vuelvas a ser mi amiga, como antes”, le dirá su mejor amiga). Su personaje es como una extensión –o una consecuencia– del de Hiroshima, la película anterior de Pablo Stoll (inédita aún en la Argentina, aunque se pudo ver en el Festival de Cine de Mar del Plata). En aquella película, Stoll mostraba un día en la vida de su hermano, un tipo de muy pocas palabras (la película casi no tiene diálogos), dedicado de lleno a su banda, a jugar al fútbol con sus amigos y a caminar con pasos perdidos. Hay mucho de aquel personaje en Ana, como también hay mucho de Hiroshima en 3. Si bien 3 ensaya un relato más convencional que Hiroshima –aquella más jugada en lo narrativo, al borde de lo “experimental” o contemplativo–, ambas tienen el cuidado de construir sus personajes con pequeñas dosis de información, sin la necesidad de enfatizar demasiado, poniendo el acento en los climas y concentrándose en el devenir de cada acto.

Así como el hermano de Stoll se deja llevar en Hiroshima por sus propias canciones, en 3 Ana se deja hipnotizar por la música en vivo (en un concierto de Hablan por la Espalda), y Rodolfo baila ridículamente aquellas canciones que, intuimos, escuchaba cuando joven (el viejo Sexteto Electrónico Moderno, una revelación). La película avanza con golpes musicales concretos, y hasta se anima a una puesta en escena musical, en un momento entrañable de la película. La banda de sonido como generador de intensidades (suena “Motor Away” de Guided by Voices, por ejemplo, una de las canciones más perfectas que se compusieron alguna vez) –aunque a veces se vaya de rosca. En esa jugada Stoll es claro: “Quería que a los personajes les importara la música y por eso el ritmo de la película iba a estar basado en esa música. La idea de usar cosas del musical es porque me gusta echar mano a herramientas de todo el cine para contar cosas y en este caso me pareció justificado. Todos bailamos, todos hacemos el ridículo y a todos nos toca a veces seguirle el ritmo a los otros”.

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En 3, la manera de actuar de cada uno de sus personajes se caracteriza por exhibir ese absurdo que, por habitual –por familiar– se vuelve imperceptible para quienes lo generan, pero gigante para el espectador. Ahí, la comedia: “Es una representación farsesca de una familia tipo. Pero no es una película que responda a ese género bastardeado con el que se denomina a las películas que te tienen que hacer cagar de la risa”. El tono uniforme con el que se desarrolla la vida de estos personajes es lo que permite el estruendo que se provoca cuando una acción determinada subraya cierto patetismo, marcado sobre todo en el personaje de Rodolfo, al borde del estereotipo, pero que se salva de caer en él cuando nos damos cuenta que las mismas boludeces que le vemos hacer son las que hicimos o hacemos –o nos hicieron– alguna vez en nuestra intimidad. Ahí es donde 3 se hace fuerte: en saber que nunca podemos ponernos por encima de Rodolfo, de Graciela o de Ana. Somos tan patéticos como ellos.

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3
De Pablo Stoll
Con Humberto
De Vargas, Sara Bessio y Anaclara Ferreyra Palfy

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