31/05/12 Cine

Abrir puertas y ventanas, de Milagros Mumenthaler


El debut de Milagros Mumenthaler propone un retrato familiar con la ausencia y la música como marcas en la piel. / Por Juan Manuel Domínguez

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Por instantes ínfimos (pero gigantes), el duelo de las protagonistas de Abrir puertas y ventanas toma la forma de un limbo familiar –y por ende, infernal. Un limbo concreto, que elige encerrarse en la casa de la abuela recién fallecida que crió a las tres hermanas protagonistas (de menor a mayor: las actrices Ailín Salas, Martina Juncadella y María Canale). Pero la directora Milagros Mumenthaler lo ve distinto: “La película transcurre en la casa porque el hogar es el núcleo de las relaciones familiares; los roles que uno cumple dentro de la casa muchas veces difieren si se está en otro ámbito. A través de la luz, de las aperturas de la casa hacia el afuera, de las idas y venidas de las hermanas, intenté mostrar un mundo no cerrado, sino claustrofóbico. Porque, si bien las hermanas atraviesan un momento difícil, son jóvenes y tienen un mundo por delante. Entiendo la idea de que podrían estar en cualquier lugar del mundo, porque es una historia familiar muy íntima y muy universal, pero creo que la película está anclada en algún lugar dentro de Buenos Aires o en su periferia”.

Lo que demuestra esa distorsión es la manera en que, a fuerza de sinceridad, del terror que dan esos otros a los que llamamos “familia” –y que son el nexo con un lugar que vivimos como un limbo constante–, Abrir puertas y ventanas anula los modos, modernamente rancios, de mamar o de aniquilar a ese cíclope (y miope) que el cine argentino convirtió en una fantasía homérica: el costumbrismo. Y quizás esa textura circular que transforma instantes –sinceramente femeninos, como pocas veces “íntimos”– en surcos, en una forma de reproducir cómo se nos van clavando los que ya no están, acerca más a Abrir puertas y ventanas a un vinilo. A uno que cuidamos, que nos define, pero del que sabemos que puede rayarse, romperse, rayarnos o rompernos en cualquiera de sus vueltas. “La película es la conjunción de dos temas que me inquietan y me sensibilizan: las relaciones familiares (en este caso, tres hermanas) y la ausencia, la falta de algo. Creo que la ausencia te vuelve vulnerable; es como un cachetazo que, si bien al principio duele, luego te hace replantearte muchas cosas. En la película cada una de las chicas piensa cómo seguir adelante, y las decisiones que van tomando entran en choque. Hay un equilibrio dentro del hogar que de repente se quiebra; ya no hay lugar para la tolerancia y el respeto.”

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En ese latido de vinilo, de presencia fantasmal (a veces literal, otras veces traducido en el etéreo flotar de la cámara en esa casona), Mumenthaler se parece mucho más a Wes Anderson que a Chéjov, que es citado por sus Tres hermanas una y otra vez. Mejor dicho, parece capturar, como Anderson en Los excéntricos Tenenbaum, el instante refractario en el que música, cine y melomanía (es decir, la música entendida como sentimiento fluctuante, pero principalmente como documento de identidad) mutan en otra forma de entender y soportar el mundo: “Una de las referencias que tenía para una de las secuencias con música era el tema ‘The Fairest of the Seasons’, de Nico, pero obviamente estaba prohibido por la escena de los Tenenbaum. Por suerte Fran Gayo, que fue mi asesor, además de componer ciertos temas para la película, encontró la canción ‘Back to Stay’, de Bridget St. John, que tenía el condimento nostálgico ideal para la secuencia. La música era importante por su poder para reconstruir al personaje de la abuela”.

Así, transformando en canciones la forma que asumen los fantasmas, pero también con el impulso para convivir con ellos, Abrir puertas y ventanas se planta, amable, inquieta, aterrada pero firme a la hora de cambiar. Como sus personajes.

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ABRIR PUERTAS Y VENTANAS
De Milagros Mumenthaler
Con María Canale, Martina Juncadella y Ailín Salas

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