17/10/12 Cine
Argo, de Ben Affleck

Extirpado hace rato de aquel mutante paparazzo que fue “Bennifer”, Ben Affleck usó su saber setentoso para abrirse camino por toneladas de tierra que lo daban por muerto. Y lo hizo utilizando cierta relectura del William Friedkin urbano. Justo antes de confirmarse (al menos frente a los que no lo tenían de sus películas con Kevin Smith) como un muñeco tipo Capitán Escarlata, Affleck supo contraatacar abandonando el látex y vistiendo elegantemente un sentido cinematográfico, que se sentía instintivo, sí, pero que tenía algo Riquelme en su lectura de la cancha.
Superada la canonización como desperdicio ultrapop del Hollywood (Pac)Man of the Year, ahora todo parece más bizarro que el más imaginativo escenario de un cómic de la Liga de la Justicia: Affleck es el nombre, el director, capaz de darse el lujo de rechazar, precisamente, un mega tanque comiquero como La Liga de la Justicia, para seguir afianzando su nueva posición de tesoro nacional. Sobre todo ahora que Clint Eastwood dedica parte de su tiempo, y leyenda, a hablar con sillas vacías en congresos republicanos. De hecho, Argo, el nuevo film de Affleck, desde su estreno en Toronto ha creado el rumor de que la Academia debería conseguirle un asiento de pasillo –no vacío– a Ben.
El ascenso-caída-renacimiento es vital para entender que donde antes la lupa achicharraba a Ben Affleck, hoy busca agigantar átomos que, seamos justos, tienen potencia pero no de bomba atómica. Pero, entonces, ¿qué es Argo? Desde el arranque vintage (el logo de la Warner de los años 70), Affleck usa la historia real de un rescate delirante de rehenes en Teherán a fines de los setenta, en que la CIA finge la producción de Argo, film sci-fi estilo Star Wars, que sirve como excusa para rescatar a los rehenes. Affleck sabe tensar el asunto, sabe darle cuerpo de cine, nervioso, que te aferra a la butaca; pero al mismo tiempo, Argo se subdivide antes de tener un sentido común: por un lado, el segmento “Hollywood” –Alan Arkin y John Goodman ¿quién puede pedir más?–; por el otro, el segmento “secuestrados” –el instante de la fuga. No es un problema, claro, que Affleck filme como filma, que sepa hacer películas que justifiquen la sala, que sepa sonreír (o hasta tropezar) con sus ideas cinematográficas. El problema es pensar que Argo dice otra cosa sobre el cine salvo que es un arte para ser disfrutado, sobre todo cuando es ejecutado sensiblemente. / Juan Manuel Domínguez
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ARGO
De Ben Affleck
Con Ben Affleck, John Goodman y Alan Arkin












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