2/08/12 Cine

El camino del vino, de Nicolás Carreras


El sitio del sommelier Charlie Artaurola dice algo así como “nombre de referencia en los círculos culinarios y enólogos”. Ese dato real hace del falso documental de Nicolás Carreras, El camino de vino, una extrañísima excepción, y no solo a nivel de cabotaje. En El camino del vino el pingüinesco y entrador Artaurola se interpreta a sí mismo salvo por una cosa: el drama que moviliza su publicitario y mal actuado, pero bien documentado, recorrido por ese “camino del vino”, no es otra cosa que la pérdida del gusto. Es decir, la pérdida de su modo de vida, de ese que lo hace deidad en los pasillos de las convenciones (donde Carreras muestra, partiendo desde la cima, el real negocio del vino). Lo interesante es que cuando se pone institucional –pero con el twist del género– y muestra la educación alcohólica del héroe, aun así se filtra un universo no tan estrafalario como perverso: el de la realeza del vino. No es que la película sea agresiva con ese mundo, de hecho lo mima, pero esa distorsión, entre la exposición y lo filtrado, genera una sincera tensión. En el camino del vino, de Mendoza a Montevideo, Artaurola va abandonando la industria para volver a las raíces familiares; y ahí, sin esperarlo, Carreras suelta al film, lo libera de la idea de triunfo (o hasta del final feliz de Hollywood) para crear una genuina postal de un instante visceral, familiar, demoledor.  / Juan Manuel Domínguez

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El camino del vino
De Nicolás Carreras
Con Charlie Artaurola

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