23/08/12 Cine

El legado de Bourne, de Tony Gilroy


El Bourne de Paul Greengrass es otra de esas trampas en la que cae la cinefilia culposa. Detrás de una supuesta negación de la acción anabólica de los ochenta (hoy reducida al circo de Rambo en el bunker Los indestructibles), lo que había en la frenética (casi godardiana) acción de Bourne era precisamente la vuelta olímpica de ese arte de romper todo. Para confirmar el factor fanboy que todo lo infecta estos días (otra película leída y creada de esta manera es la tercera Batman, que tiene las incongruencias y felicidades de un relato hecho para y por niños de doce años), la saga Bourne deviene franquicia, se mantiene la marca pero se cambia el Bourne: sale el dúo dinámico Matt Damon/Paul Greengrass y entra Jeremy “Hawkeye” Renner/Tony Gilroy (guionista de las dos últimas Bourne).

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El resultado es la película de acción seriota más burocrática de la historia: Gilroy insiste con mostrarnos charlas de oficina que se pretenden Aaron Sorkin y se leen insoportablemente vacuas. En medio de eso, aparecen dilemas morales de Rachel Weisz (la Lois Lane del asunto) y Renner pateando culos (aunque no tantos). Pero debido a la torpeza y lentitud narrativa de Gilroy, nada deja de sentirse como un abollado carbónico que, en sus pocos aciertos, muestra que Gilroy no aprendió casi nada de la educación física de Greengrass. / Juan Manuel Domínguez

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El legado de Bourne (The Bourne Legacy)
De Tony Gilroy
Con Jeremy Renner y Rachel Weisz

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