25/10/12 Cine

Histeria, de Tanya Wexler


Se la perdieron. Cuando lo que hay detrás del “basado en una historia real” es más grande e interesante que la película misma es que algo salió mal. Y acá la tenían servida en bandeja. La historia de la invención del vibrador a fines del siglo XIX daba para mucho. Los libros dicen que su inventor fue un tal Joseph Mortimer Granville, un joven médico que de golpe y porrazo terminó como colaborador de otro de mayor renombre, pero de pensamientos un poco más rígidos. Lo interesante es el contexto. Estamos en Inglaterra, donde cualquier calor extraño que una mujer sufría era considerado síntoma de “histeria”. Y la histeria se extendía a todo tipo de angustias, depresiones, ansiedad y cualquier comportamiento fuera de lo normal. Estaba lleno de “histéricas”, digamos. La solución mágica consistía en una serie de masajes en el clítoris, donde –decían– estaba la clave y el origen de ese extraño mal de la época.

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El resultado, claro, era un orgasmo de novela, llamado por entonces un “paroxismo histérico”, que solucionaba aquello hasta que la doña volvía por más, nuevamente “angustiada”. Lo que cuenta la película de esta tal Tanya Wexler son los días en que entra en el consultorio del masajeador del barrio el joven Mortimer, y empieza a masajear a lo loco. Claro, es joven. Y el consultorio empieza a llenarse de “histéricas”. Sobre todo cuando el muchacho, con ayuda de un amigo que anda por ahí experimentando con objetos, da finalmente con una especia de plumero estrambótico que da vueltitas y que va como piña para el mencionado tratamiento. Contado así a lo bestia, los papeles se prenden fuego en una comedia picaresca. Y lo insólito es que la película va por ahí. El recurso es válido, pero cuando el humor empieza a hacer base en las caras de las gordas que ante un orgasmo se ponen a cantar a los gritos de alegría, ya corremos el riesgo de estar ante una pelotudez letal. “Humor inglés”, dicen por ahí, pero eso sería generalizar. El contraste de época lo da el personaje de la bella Gyllenhaal, mujer que se calza los largos como trabajadora social, de pensamiento de ultra izquiera para esos años, que hace la diferencia ante la pacatería del contexto, pero que está burdamente subrayado, como el personaje de la mucama prostituta (falta Tristán y estamos todos), y como toda Histeria. Lo que hubiera hecho el loco Cronenberg con esto… / Javier Diz

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Histeria (Hysteria)
De Tanya Wexler
Con Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal y Jonathan Pryce

 

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