21/04/12 Cine, Reseñas de cine
La chica de mis sueños, de Miguel Arteta

La chica de mis sueños es una postal enviada hace mucho tiempo. Al menos dos años de retraso posee la película de esa arma de doble filo (interno) llamada Miguel Arteta (capaz de distorsiones al indie tan saludables y extrañamente nocivas como Chuck & Buck o A Good Girl). Esa condición cine qua non de Michael Cera de poseer la intensidad sexual de un fideo contra un azulejo es el motor (eso más las novelas coming of age de C.D. Payne), es lo que Arteta utiliza para crear algo así como la versión mosca de Irene, yo y mi otro. Así como Carrey en su momento más biónico y bipolar alternaba entre ser, a lo Jekyll y Mr. Hyde, el Flanders Charlie o el Pappo Hanks, el “joven patético pero no tanto como para generar simpatía” Cera alterna en La chica de mis sueños entre ser el mojigato Nick o el Gainsbourgniano Francois Dillinger (de hecho, comparte con el real robabancos el bigotito a la John Waters).
El problemita viene siendo cómo Arteta exacerba lo farsesco del asunto, incluso hasta anular esa cuerda floja donde Cera logra que sus personajes caminen sin dejarlos caer en ninguna clasificación absoluta (ni caricaturescos, ni realistas, ni absurdos). Arteta anula la potencia del cortejo nerd de un fanático de Sinatra para con una fanática de Belmondo para crear una aburrida versión estilizada (y deserotizada de amor fou) de un cartoon de Pepe Le Pew. / Juan Manuel Domínguez.
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La chica de mis sueños (Youth in Revolt)
De Miguel Arteta
Con Michael Cera, Portia Doubleday y Ray Liotta












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