14/09/12 Cine, Reseñas de cine
La Redada, de Gareth Evans

El cine de acción se renueva a pura inventiva cinética. La redada es un exponente furioso de un género que reluce a golpes de acrobacia. / Por Juan Manuel Domínguez
Un galés que filma en Indonesia por un millón de dólares es la ecuación (improbable, seguro) que el cine de acción necesitaba. La redada es ese complejo vitamínico que todo género requiere de vez en cuando (piensen en The Host y su revitalización y puesta en obra maestra de “una de Godzilla”). Lo que Gareth Evans hace, en un mundo donde la acción o se anaboliza sardónicamente (la juguetería de acción de Stallone y sus Indestructibles) o se pone petulantemente Bourne (la cuarta entrega, sin ir más lejos), La redada demuestra que alguien entiende al género sin perder la sinergia del mismo: donde todo se piensa como variante a un formato a esquivar, Evans se pone rompehuesos. La redada es vieja escuela, pero logrando que el nervio no supere a la cinefilia (hay ecos de Carpenter, de Woo, de Duro de matar, de cualquier película de acción que se precie de serlo, pero no importa en lo más mínimo): lo que importa es el movimiento, no la autoconciencia, y Evans lo hace sentir.
El asunto es sencillo: en una pajarera (edificio humilde de cientos de viviendas) que funciona como fortaleza de un capanga mafioso, entra una unidad policial de elite. Quedan encerrados. Quedan pocos. Hay un héroe (o dos). Hay villanos. Hay alma Kung-Fu Master, seguro, pero hay también un uso del espacio digno de fichín –de los buenos– de Playstation 3. Pero lo más importante: hay brutalidad descontrolada, desquiciada, agotadora, inventiva. Hay una brutalidad que se hace belleza: hacía rato que el cine de tiros y patadas no se mostraba tan efusivo, tan capaz de generar imágenes nuevas sin salirse de la cuadrícula. El pasillo, el placard, un cuarto, el ascensor: todo sirve para que Evans genere coreografías que traslucen personalidades (y no viceversa), que hagan del cuerpo y las artes marciales un real arte cinematográfico.
Evans no cree en la sonrisa, al menos dentro de la pantalla. Por el contrario, la sonrisa que genera la película en cualquier hijo de Tarantino (es imposible no imaginar al Grondona de la acción con una erección cinéfila frente a La redada), tiene que ver con su sinceridad sin ánimos de mofarse. La redada aprovecha cada rincón que su fortaleza, sus personajes y sus coreografías pueden ofrecer para sacudir la estantería: todavía se puede hacer acción que realmente sorprenda por acróbata (tanto en la cámara como en los cuerpos) y que genere esa energía hoolligan, potente en su creencia en el cine, necesaria para nuestra querida y dieta grasa de género.
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La Redada (The Raid: Redemption)
De Gareth Evans
Con Iko Uwais, Ananda George y Ray Sahetapy
(XYZ Films)












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