15/06/12 Cine

The Deep Blue Sea, de Terence Davies


Así como Terrence Malick divide aguas entre los que consideran El árbol de la vida como una genialidad inconmensurable y los que la consideran un pelotazo absoluto, algo similar puede ocurrir con el inglés Terence Davies y su nueva película. El director de The House of Mirth (2000) propone un relato romántico ambientado en la Inglaterra de postguerra, a partir del suicidio del personaje principal (Rachel Weisz), y una carta de despedida con remitente desconocido. La puesta en escena de la apertura de la película anticipa lo que viene: planos intermitentes de ella previos a su muerte, seguido de otro plano aéreo aletargado que recorre el cuarto y su cuerpo apagado, y una banda de sonido de cuerdas que rellenan todo. A partir de ahí, la película organiza sus fugas temporales en flashback que muestran los avatares de una relación, y los supuestos motivos que provocaron ese desenlace trágico, condimentado todo por la hostilidad familiar. Davies lleva a cabo su plan con una majestuosidad que, si bien crea el marco ideal para una historia cargada de épica, puede por momentos resultar irritante.

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Y es en esa afectación, ese amaneramiento (festejado por la crítica entera en la insoportablemente caprichosa Of Time and the City, su película anterior), donde la película despliega su juego y muestra sus armas. Esa acumulación de simulacro y artificio es lo que sostiene su embrujo, lo que provoca esa extraña fascinación de saber que se puede extasiar aún en el delicado límite de pecar de pedante y vende humo. / Cristian Campana

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The Deep Blue Sea
De Terence Davies
Con Rachel Weisz y Tom Hiddleston

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