14/09/12 Escenas

La gracia de tener, de Manuel Santos Iñurrieta


Con ya más de diez años de trayectoria, la compañía El Bachín se consolidó como un caso emblemático de teatro grupal, algo infrecuente en el individualista teatro porteño. Pero al introducirse en el grupo y observar su estética y su ética, se comprende perfectamente la continuidad de todos y cada uno de sus integrantes: hay una ideología estética que los une, un modo de entender al arte y su cruce con la sociedad y la política. Son personas reunidas ante un objetivo que los trasciende. El Bachín suscribe claramente a las líneas nacionales y populares de la Argentina y ejercen un teatro de fuerte raigambre brechtiana. Ver una obra de El bachín es encontrarse con un teatro tan contemporáneo –por la temática y los problemas que se trabajan– como anacrónico, esto último dicho sin ninguna intención peyorativa.

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El hecho de haber ambientado la obra en 1961, bajo la presidencia de Frondizi, no extraña el objetivo de la pieza si no, muy por el contrario, fortalece su compromiso con el presente y con una mirada concreta de la Argentina.

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En La gracia de tener la compañía pone en escena a una familia de la aristocracia argentina de la década del sesenta, una familia venida a pique que no se resigna a perder sus privilegios aunque el costo sea sumirse en un patetismo atroz. Así, las criaturas que los actores componen son tan patéticas como risibles, y gran parte de su discursividad puede ser escuchada aún hoy en ciertos ámbitos, cosa que los ridiculiza más. Para sobrevivir, la familia alquila la mansión a un circo y luego debe emplearse como payasos. Los actores disfrutan enormemente exponiendo a sus criaturas a esa visión y luciendo sus ridículas narices rojas. Y para explicitar todavía más la referencia hará su aparición el mismísimo Juan Carlos Onganía, última esperanza de la familia. Con lo dicho, está claro el lineamiento ideológico de la compañía en lo político y en lo estético. Y el hecho de haber ambientado la obra en 1961, bajo la presidencia de Frondizi, no extraña el objetivo de la pieza si no, muy por el contrario, fortalece su compromiso con el presente y con una mirada concreta de la Argentina. / Federico Irazábal

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La gracia de tener
De Manuel Santos Iñurrieta
En el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA)
Sábados a las 20.30.

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