3/08/12 Escenas

La verdad, de Bernardo Cappa


Desde hace un tiempo el director y dramaturgo Bernardo Cappa viene afinando una propuesta infrecuente en el teatro independiente. Un trabajo singular con el habla y el humor que en La verdad, su nueva obra, ofrece una modulación renovadora del registro realista. / Entrevista Alejandro Lingenti

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Dos escritores que parecen estar bien lejos de la consagración discuten sobre su oficio. La mujer de uno de ellos oscila entre la mala onda con su pareja y las atrevidas insinuaciones eróticas al amigo. Acampan cerca de una ruta innominada. De pronto llegan dos desconocidos que tuvieron un problema con su auto. Visten trajes, piden ayuda con una amabilidad que luce cargada de cierta tensión. Está claro que ocultan algo. Así arranca La verdad, la nueva obra de Bernardo Cappa, director, actor y dramaturgo nacido en Bahía Blanca, hijo de don Ángel, el DT que conquistó el corazón de muchos futboleros argentinos con el lujoso Huracán que estuvo a punto de conseguir un campeonato en 2009. Igual que obras anteriores como Pezones mariposa y Amor a tiros, Cappa trabaja en La verdad un registro de tono realista, con el humor y la lengua popular como motores. Y ya está preparando una nueva obra que narra el enfrentamiento entre un grupo de barrabravas de Chacarita y Almirante Brown, dos equipos del Ascenso, una típica batalla de hinchadas que termina con algunas banderas (los famosos “trapos”, en la jerga de la cancha) abandonadas en la casa de una señora mayor que, cuando recibe el reclamo de los que quieren recuperarlas, simula no saber de qué le hablan. Personajes y temáticas que no aparecen con tanta frecuencia en el teatro independiente porteño, tan reactivo al fantasma del costumbrismo. Cappa: “Muchas veces sentí envidia del cine de Leonardo Favio, de la sensibilidad con la que él trabajó ciertos temas, a pesar de que lo tilden de cursi. No tengo una devoción política por Favio, pero sí por el manejo de la emoción en su obra. Ahora con la obra que proyecto de los barrabravas espero acercarme a eso. Porque cuando miro la escena del teatro independiente porteño, me llama la atención su extremada ‘limpieza’. A mí me gusta más la suciedad, los espectáculos de trazos más desprolijos”.

 

ENTREVISTA> Además de esa desprolijidad a la que aludís, siempre hay humor en tus obras…
Bernardo Cappa
: Sí, es algo que me interesa particularmente. El teatro es juego, tiene que tener gracia.   

¿A quiénes reconocés como referentes?
Mauricio Kartún fue mi maestro, aprendí mucho con él, fue un gran estímulo conocerlo. Bartís también, lo veo como el Roberto Arlt del teatro y como una referencia permanente. Alberto Ajaka es un tipo muy talentoso. Rafael Spregelburd es brillante, su escritura tiene una enorme lucidez y una gran precisión. Alejandro Catalán… Hay mucho respeto por el teatro en Buenos Aires, hay mucha gente que trabaja en serio. Yo trato de moverme libremente. Ahora estoy trabajando como actor en una obra de Muscari, que es otro tipo con una gran sensibilidad para acercarse a lo popular. Para mí él debería encabezar la renovación que pide a gritos un género popular como el teatro de revista, que acá tiene una larga tradición. Muscari tiene una enorme habilidad para denunciar la falsedad, para decirte “pará, no te hagás el sofisticado”.

En La verdad hay una alusión no muy amable al biodrama. ¿Cuál fue la motivación para incluirla en el texto?
Todo lo que vi en Buenos Aires de ese tipo de trabajos no me gustó nada. A mí me gusta ir al teatro a imaginar. Lo biodramático está saturado, incluso por lo que pasa en la televisión. Hay muchas modas que se generan a partir de la mimesis con el teatro europeo. Para mí, lo que nos distingue a los argentinos son los muy buenos actores que tenemos. Entonces, hay que aprovechar eso. Siempre digo que un espectador argentino que va al teatro, durante el camino de su casa hasta la sala se tuvo que defender mucho de la mentira: en la calle, en el kiosco, en el taxi… Entonces espera que en el teatro se encuentre con mentiras un poco más poéticas. Lo que me interesaba plantear con esta obra es una pregunta: ¿qué es ficción y qué no? Reflexionar sobre cómo se produce la ficción, cuánto de ficción tiene lo que se dice real. Por eso hay una zona muy verosímil que es invadida por algo misterioso.

¿Considerás que una obra está terminada cuando se estrena o el proceso creativo sigue abierto un tiempo más?
La obra sigue en proceso. En este tipo de salas del circuito independiente, para mí lo mejor es estrenar y que la obra desarrolle su proceso ahí, con público. Hacerla con público produce una condensación que no se da en los ensayos. La actuación tiene algo que define para alguien que mira. El director es una mirada, está claro, pero no es lo mismo actuar para él solo que para el público. Ensayamos un año esta obra, y yo sentí que estábamos listos. Pero como decía Alberto Ure, es complicado hablar de “tiempo de ensayo”. A lo largo de ese año, hay actores que faltan, feriados, suspensiones por otros motivos, lo que sea… Al ser una actividad amateur, se arma así. En ese tiempo, aun con las interrupciones, la idea fue lograr algo que funcione a partir de un acuerdo grupal que contemple las diferencias entre los que estamos trabajando en la obra.

 

“No me bancaría las presiones del teatro comercial, la exigencia de rendimiento. No sabría cómo manejarlo.”

 

¿Cómo trabajás con los actores?
En base a acuerdos, como te decía. El actor va encontrando su lugar en los ensayos, va reafirmado lo que quiere actuar ahí, no es que yo tengo todo predeterminado. Soy muy permeable a los cambios que me proponen los actores, que por lo general son funcionales porque muchos de esos actores han estudiado dramaturgia. Para esta obra trabajamos primero un tono más realista para los tres personajes que aparecen desde el inicio y un registro más seco, más extraño para los que irrumpen en la carpa. Una de las cosas que me interesaban trabajar era justamente ese contraste que de hecho todavía estamos tratando de agudizar. Estamos intentando, incluso, definir un final. Bartís siempre dice que ponerle un final a una obra es muy difícil, y yo creo que quizás es lo más difícil de todo. En las primeras funciones, me dio la sensación de que la obra quedó prometiendo algo más que nunca ofreció. Y no me gustó, no me gusta histeriquear con el espectador.

¿Vas mucho al teatro? ¿Ves teatro independiente y teatro comercial?
Trato de ir bastante, pero no siempre tengo el tiempo necesario. Me gusta más el teatro independiente, me parece más noble. Igual, hace poco vi Rain Man y funciona muy bien narrativamente y tiene un trabajo excelente de Juan Pablo Geretto. Después, Estado de ira, de Ciro Zorzoli; Amar, de Catalán; Salomé de chacra, de Kartún; Todo, de Spregelburd; Víspera de elecciones, de Aníbal Gulluni… Son obras de las que salí entusiasmado, con ganas de seguir produciendo, obras con las que sentí que aprendí cosas.

¿Te gustaría dirigir en la calle Corrientes?
No soy un director que puede dirigir cualquier cosa. Más bien, me junto con gente de mucha confianza y trabajo en grupo. Con el elenco de La verdad, por ejemplo, juego todos los martes al fútbol. Creo que no me bancaría las presiones del teatro comercial, la exigencia de rendimiento. No sabría cómo manejarlo. Lo que está bueno del teatro comercial es la guita, que nunca viene mal.

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La verdad
De Bernardo Cappa
Con Ricardo Tamburrano y Christian García, entre otros.
En el Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556. Sábados a las 20.

(Foto Luis Belotti)

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