27/07/12 Escenas
Un hueco, de Juan Pablo Gómez

Tres amigos se refugian de un velorio para dar vida a la atípica obra de Juan Pablo Gómez en un espacio fuera del circuito teatral: el club Estrella del Maldonado. / Por María Milessi
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Los espectadores tomamos un café en un banco al lado de unos “sanguchitos”, una botella de ginebra y una corona mortuoria. La antesala de Un hueco nos prepara para lo que vendrá. Cuando llega la hora, atravesamos mingitorios e ingresamos a un vestuario. Somos pocos, debido a la acotada capacidad de “la sala”. Nos ubicamos y encontramos a un hombre que piensa en la oscuridad, recortado por el contraluz natural de una ventana. Así, casi sin darnos cuenta, estamos dentro del mundo de la obra. Tres amigos de toda la vida se refugian en el vestuario de un club de pueblo donde están velando a su fallecido amigo Matías. Las actuaciones de Patricio Aramburu (Maxi), Nahuel Cano (Lucas) y Alejandro Hener (Hugo) quitan el aliento, sobre todo por la cercanía, se percibe cada arruga y cada gesto, casi encima del espectador sufren, esconden, comparten, se atacan a escupitajos y se cuidan. Cada personaje aporta un color distinto: Maxi es emocional y desbordado, Lucas anda en muletas, siempre conteniendo y Hugo es “el porteño”, el que se fue del pueblo, fóbico y lleno de culpa. Cada uno genera ternura, angustia y carcajadas, aventurándose junto al espectador en este viaje actoral.
El uso del espacio es exhaustivo, no queda ni una gota de jugo para exprimirle.
La obra fue creada por los tres actores y Juan Pablo Gómez, su director y responsable de la inteligente selección, puesta en escena y de la sensible guía para los actores a través del trabajo. El uso del espacio es exhaustivo, no queda ni una gota de jugo para exprimirle: el baño que atravesamos antes de ingresar está presente en el continuo correr del agua y como fuera de escena; la hilera de casilleros azules en el centro del vestuario funciona a veces siendo golpeada, otras ocultando (hay cosas que sólo pueden decirse sin mirarse) y otras reflejando un rostro azul que se apoya; el espejo multiplica el espacio y lo expande. La puerta es una constante amenaza que tienen que cruzar para el postergado “ir a verlo” (al cuerpo) y por la que espían a “ellos”, los otros, los caretas, los buitres, los que nunca ingresarán a este huequito que los protege.
Ese hueco es el vacío que queda dentro de cualquiera ante una pérdida, pero también es una cueva, un lugarcito al que recurrir para salirse de aquello que resulta intolerable. Un lugar donde es posible decir lo que se piensa y hacer lo que se desea. Por ejemplo, revivir un momento feliz de hace más de diez años, que comienza tímido y luego va creciendo, cargándose de emotividad, hasta que -de golpe- los tres aplauden y cantan a los gritos una canción tradicional judía del Bar Mitzvah de Hugo, desquitándose y largándolo todo, mientras Hugo cuenta que es una danza que hacía el pueblo judío cuando huía por el desierto, formando un círculo alrededor del fuego para calentarse. Ese círculo es su hueco, y lo importante, a pesar del frío y el dolor, es estar juntos.
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Un hueco
De Juan Pablo Gómez
Con Patricio Aramburu, Nahuel Cano y Alejandro Hener
Domingos a las 18.30 y 20 horas en Estrella de Maldonado, Juan B. Justo 1439, CABA.
Reservas al 155 708 5927












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