25/04/12 Libros, Reseñas de libros
Antología escencial, de Carlos Monsiváis

Una selección reúne los textos de no-ficción más salientes de Carlos Monsiváis, estilista lúcido y distinguido. / Por José María Brindisi
-
Aunque transitó múltiples géneros –diríase que casi todos–, la figura del mexicano Carlos Monsiváis suele estacionarse en los terrenos de la crónica y el ensayo. Esa definición es acertada, pero incompleta: lo que en verdad define su escritura, o la encuentra en su condición ideal, es una suerte de híbrido entre ambos lenguajes, de por sí casi imposibles de delimitar. Se trata de una libertad o seguridad frente a sus diversos objetos de estudio, una independencia de registro en la observación y la reflexión que no incomodan –no desde lo formal– pero sí se tornan incontrastables. Eso que Monsiváis describe, eso que merece ser desmenuzado y discutido, se transforma en otra cosa cuando su escritura lo redefine, y es en esos términos, los de una realidad reconocible pero en cierto modo paralela, que su obra debe abordarse.
-
Menos feliz es, de a ratos, el acercamiento de Monsiváis a las multitudes, donde con frecuencia la ironía se convierte en cinismo.
-
Tratándose de un corpus ciertamente inabarcable en su conjunto, la antología que el sello Mardulce acaba de editar aquí –prologada por Juan Villoro–, extraída de tres de sus libros capitales (dos de los setenta y otro de mediados de los noventa), sirve para visualizar en lo esencial los muy diversos intereses, simpatías y enconos de un escritor que ocupó, hasta su reciente muerte, un espacio central en la literatura del continente. Alguien de quien solía remarcarse su ubicuidad, aunque no siempre en un tono celebratorio.
En lo concreto, las crónicas ensayísticas de Monsiváis mantienen siempre una distancia que le permite no sólo ser irónico sino, antes que nada, recostarse hacia uno y otro lado, sostener un criterio ambivalente que resulta, sí, provocador, porque la materia del relato es para el lector una sustancia esquiva, inaprensible, o mejor dicho imposible de reducir. Monsiváis se aproxima a sus protagonistas, los escucha, les da una palmada en la espalda –nunca los adula–, y luego se retira para situarlos en un contexto más amplio, y asimismo mucho más complejo. El mejor ejemplo de ello, y sin duda uno de los puntos altos del libro, es el extenso retrato que hace del poeta Salvador Novo, de quien pueden afirmarse dos cosas: lo admira, y le parece poco menos que un payaso. El otro texto fundamental de esta antología es, no por casualidad, el primero (“Notas del camp en México”), escrito desde los ecos de Susan Sontag y su célebre Notas sobre lo camp. Es una narración sin movimiento, o un ensayo sin tesis. Un finísimo ejercicio de rodeo.
-
Las crónicas ensayísticas de Monsiváis mantienen siempre una distancia que le permite no sólo ser irónico sino, antes que nada, recostarse hacia uno y otro lado, sostener un criterio ambivalente que resulta, sí, provocador.
-
Menos feliz es, de a ratos, el acercamiento de Monsiváis a las multitudes, donde con frecuencia la ironía se convierte en cinismo. Eso también es ubicuidad: estar siempre en el lugar indicado. Desde donde puede observarse tranquilamente la ceguera de los otros.
-













The Magic Numbers vuelve a la Argentina
Crónicas del Festival de Cannes #3
Reseña: Dibujos invisibles, lo nuevo de Troche
Convocatoria para la Bienal de Arte Joven
Entrevista: el teatro de Claudio Tolcachir
Lena Dunham, los signos visibles de un éxito
Apuntes sobre las últimas inundaciones
DEJÁ UN COMENTARIO