20/05/12 Libros, Reseñas de libros

El monstruo, de Sérgio Sant’Anna


Los relatos que integran el segundo libro de Sérgio Sant’Anna traducido al español lo confirman como un autor imprescindible de la literatura brasileña actual. / Por Matías Capelli. Foto Fabio Motta/AE.

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Hace cinco años, el carioca Sérgio Sant’Anna sorprendió a unos cuantos con una novela magistral: Un crimen delicado. En ella daba voz a un crítico de teatro cincuentón, Antonio Martins, un narrador sobrio y refinado que relataba su fascinación por Inés, una magnética mujer renga que terminaba por envolverlo en un crimen. La novela era una confesión al tiempo que una prueba irrefutable de que Sant’Anna era un maestro de la ambigüedad, de la sutileza más sofisticada. Un solo libro bastó para hacerse la idea de que tal vez estuviéramos frente a un escritor de la talla –pero por motivos completamente distintos– del mucho más traducido João Gilberto Noll. Ambos bordean los setenta años y son consagrados en su país; sus estilos divergen en muchos aspectos pero podría aventurarse que tienen un tronco literario, una tradición de lecturas en común.

El monstruo, segundo libro de Sant’Anna publicado en el país, también por Beatriz Viterbo y también con traducción de César Aira, agrupa tres relatos largos, casi nouvelles. “Tres historias de amor”, reza el subtítulo. De amor monstruoso, podríamos agregar, pero uno de los talentos de Sant’Anna es el de hacernos dudar si acaso todo amor no tiene algo de monstruoso, o de llevarnos a preguntar en qué consiste lo monstruoso en el amor, en el deseo, en la atracción.

Sant’Anna apela a tres géneros: el primer texto es una carta que una mujer le escribe a un hombre con el que tuvo una noche de sexo ocasional; el segundo, una entrevista periodística desde la cárcel en la que un tipo condenado por violar y matar a una joven da su versión de los hechos. El tercero, una larga secuencia de diálogo de habitación de hotel entre un compositor y pianista de fama mundial, de gira por Chicago, y una joven de dieciséis años con quien acaba de acostarse. Está quien se confiesa de noche sobre el papel, quien lo hace frente a un grabador, y quien lo hace en la intimidad de un cuarto de hotel: a pesar de sus diferencias formales, los tres comparten una misma pulsión por narrar en clave confesional, por dirigirse a un otro, por revelar algo oculto, monstruoso, por sugerir que las cosas nunca son como parecen. Y también por urdir un texto. Escribir, entonces, para repetir, para vivir. Porque en el texto es donde las cosas parecen haber sucedido, dice Sant’Anna. Solo así se vuelven vivas y reales.

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Los monstruosSérgio Sant’anna
El monstruo
(Beatriz Viterbo)
190 páginas
Traducción de César Aira

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