10/06/12 Libros
“El realismo es una ilusión”

A menudo celebrada y defenestrada con el mismo ímpetu irreflexivo, desde hace quince años que Fernanda Laguna viene plasmando una obra que hace pie en la literatura y en las artes visuales. La publicación de Control o no control, libro que reúne todos sus poemas, es una buena excusa para aclarar algunos malentendidos en torno a su figura. / Entrevista Alejo Ponce de León. Foto Luis Sens
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En la contratapa de Control o no control, su flamante libro de poesía reunida, Alejandro Rubio se pregunta si Fernanda Laguna “es boluda”. Una pregunta legítima, aunque inexplicablemente persistente si nos guiáramos únicamente por su historial de conquistas. Cofundadora de aquel escaparate de emociones llamado Belleza y Felicidad; uno de los cerebros detrás de Eloísa Cartonera, el proyecto editorial post-2001 más característico, simbólico y exportable; responsable, junto a varios más, del secundario especializado en artes de Villa Fiorito; regente de Tu Rito, una especie de puesto de vigilancia del Vietcong en el que la poesía se lee como se lee el tarot, Fernanda Laguna es un trazo de rouge que atraviesa el cartón de los últimos quince años del arte en la Argentina. Con el agua de su apellido riega y seguirá regando bosques siniestros y cuadros quemados; beberán de ella incontables amantes de provincia y decenas de críticos odiosos. Celebrando la aparición de su primer tomo antológico y de No confíes en lo que ves, una especie de muestra retrospectiva en la galería Nora Fisch, en esta entrevista nos ofrece una muestra, casi gratis, de su inimitable percepción de las cosas. ¿Control o no control? Laguna nos explica por qué esa no parece ser la cuestión.
ENTREVISTA > ¿Se puede elegir entre control y no control?
Fernanda Laguna: “Control o no control” no es lo mismo para mí que “control y no control”. La “y” convierte a las dos palabras en una dualidad bien separada, como la llave de una luz. En cambio la “o”, sumando todas las “o” que tiene la frase, hace que la oración sea una entidad doble pero unida, algo que es las dos cosas a la vez. Los pasajes de una a la otra son como eso que se dice de las transformaciones de las partículas de onda a materia, que son indivisibles y a la vez se separaran a una velocidad imperceptible para el entendimiento humano (mío). Control o no control es un estado de mi mente permanente, como batir una gaseosa o como la espuma de la cerveza.
¿Control es “realismo, heterosexualidad y argumento”? ¿Cuáles son los beneficios del control?
Definitivamente no o sí. El realismo es una ilusión. La heterosexualidad no existe y el argumento no sé lo que es. El control del “control o no control” no puede funcionar como un beneficio ya que es absolutamente inestable.
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“El realismo es una ilusión. La heterosexualidad no existe y el argumento no sé lo que es.”
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¿Trabajaste vos misma en la edición y selección de los textos? Hay muchas cosas que no fueron publicadas antes.
Lo trabajamos con mi editor, Francisco Garamona. El noventa y cinco por ciento de los poemas son inéditos. Él también tuvo la visión de encontrar algunos “poemas” que para mí no lo eran y cuando se agruparon con el resto quedaron bien. Está todo estructurado cronológicamente (con algunas excepciones) porque no hay forma de hacerlo diferente, ya que hay temas que van “evolucionando” a través del libro. Es una especie de diario.
¿De dónde sale el paisaje brumoso y romántico de la tapa?
Quería una tapa que aludiera a una historia de terror. Con aullidos de lobos y gente perdida en la bruma. El paisaje es como que te dice “pasa, pasa, ven…” y al entrar la gente es devorada por los monstruos. Monstruos sin cuerpo, fantasmas. Creo que la tapa es mucho más ambiciosa que el libro y, por supuesto, es gracias a Javier Barilaro.
En alguna entrevista dijiste que “escribías para no tener que vivir lo que escribías”. Tu escritura es una solución, entonces. A fines de los noventa, Belleza y Felicidad dio una pauta de la incipiente desinstitucionalización del arte. En el contexto en que apareció la galería, al borde de la detonación de un modelo social y político, Belleza y Felicidad también fue una solución para algunos artistas y escritores que no tenían a quién recurrir. ¿Te considerás una proveedora de soluciones?
Escribir es un escape, huir de nada y hacia nada. Es convertir el cuerpo en partículas de poesía. Algo muy confortable, definir leyes nuevas que se pueden cambiar porque sí. Viajar, morir y volver a vivir sin necesitar ninguna razón o sin tener que demostrar cómo se lo logró. Lo de la solución, diría más bien que es una disolución, como atravesar una puerta no abriéndola, sino colándome por debajo como agua derramada. Igual, cuando escribo, el tema no es enfrentar un obstáculo. Más bien es cambiar de estado. ¿Por qué? Por una necesidad total de ver las cosas con otra parte de mi ser. Una parte más leve y escurridiza. El arte no puede ser institucionalizado: ahora (y siempre) se habla de arte y de artistas, y a esas dos palabras se las ha reducido a significados muy mediocres. El arte es un misterio y ¿cómo institucionalizar un misterio o desintitucionalizarlo? Creo que algo que hicimos en ByF fue vivir la experiencia artística en su variedad imprecisa sin analizar aquello que nos atravesaba, para darle chance a lo artístico a expresarse en una misma. El problema de experimentar el arte es cuando uno se pregunta para qué.
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“Escribir es un escape, huir de nada y hacia nada. Es convertir el cuerpo en partículas de poesía. Algo muy confortable, definir leyes nuevas que se pueden cambiar porque sí.”
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Los artistas jóvenes de hoy parecen estar en una encrucijada: se valora más que nunca el carácter auténtico y rebelde, a la vez que se les exige un gran profesionalismo y se los empuja a la especulación. ¿Qué pensás de esto?
A veces siento una desesperación por encontrarle la vuelta a algo que para mí es como un desierto infinito. Me apasiona la gente que quiere encontrarle la vuelta, me cope o no me cope lo que estén buscando. Hace muchos años, por mi carácter un poco desesperado, tuve que darme por vencida porque si no me iba a volver loca. No darme por vencida de escribir o pintar o hacer cosas, sino de darle la vuelta a la tuerca del entendimiento. ¿Cómo se hace para ser auténtico? Creo que no es algo que uno esté capacitado para lograr. Rebelde sí, por ahí uno es medio bardero… pero no sé si es el diamante del asunto. Cuando los artistas pensamos en el mercado somos muy graciosos; no llegamos a pagar el monotributo y pensamos que podemos entenderlo. Es como tratar de entender cómo funciona el chip de un celular y para colmo querer arreglarlo. Cuando éramos niños queríamos crecer para poder hacer las cosas sin que nos digan qué teníamos que hacer, esa era la gracia de ser adultos. Yo creo que hay que ser pacientes y perseverantes. Probar de todo y estar listos para abandonar lo que no funcione. Lo que no funciona es lo que no nos hace, en última instancia, un poco más felices. Porque ¿cuál es el sentido final de hacer cosas si no es ir progresando en la satisfacción? Esa puede ser una orientación. Igual esto es como control o no control. Hay que salirse de las dualidades y agarrar por la puerta de escape que está en la “o”.
En las artes plásticas, lo que uno compra es un nombre antes que una fantasía. ¿Te sentís cómoda dentro de la producción plástica restringiéndote a vos misma, a tu propio nombre, o considerás que pintar es un riesgo?
No solo existe quien te compra con pesos (por suerte hace poco empecé a vender y ahora puedo comprarme cosas con eso). Hay mucha más gente que compra con los ojos, con el corazón. Las ventas por dinero son un tres por ciento de lo que le ocurre a una obra. Están tan tristemente copadas las charlas de arte por ese tres por ciento… Por suerte cuando hablamos siempre intentamos ponerle un poco de malicia al asunto para hacer algo más expresivo de eso. A mis cuadros yo los amo. Son mis compañeros y compañeras de la vida. Pintar o escribir es tan fascinante e inexplicable… es un riesgo cuando uno piensa que puede perder algo. Para mí el riesgo no es un tema. Me guío por la excitación de que pueda aparecer algo que nunca habría imaginado.
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CONTROL O NO CONTROL
(Mansalva) 192 páginas












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