27/05/12 Libros
Fun Home, de Alison Bechdel

En Fun Home, Alison Bechdel hurga en el arcón de los recuerdos para restaurar el costado oculto de la historia de su padre. / Por Juan Manuel Domínguez
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Alison Bechdel logra algo extraordinario en Fun Home. Y tiene que ver con la construcción de uno de los sentidos que el cómic no suele trabajar: el olfato. Puede que suene tonto recurrir al olfato a la hora de hablar de una memoria confesional, una que narra cómo Bechdel va descubriendo, menos detective y más cercana a la narración confesional (que, mal que mal, remite a Maus), cómo su propia vida homosexual se relaciona con la secreta vida homosexual de su padre. “La restauración histórica no era un trabajo para él”, dice Bechdel, “era su pasión. Y digo pasión en todos los sentidos de la palabra”. Bechdel, otra vez, se parece a su padre: a dos colores, que antes que melancólicos son funcionales a la idea de memoria antigua, su forma de restaurar su propia historia se asemeja en ese sentido a la dedicación que su padre ponía en los objetos que iba restaurando para decorar el hogar.
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Bechdel tiene el extraño don de construir momentos de incertidumbre con una potencia visual y narrativa infrecuente.
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Y ahí aparece el olfato: Bechdel mezcla instinto con un tratamiento de orfebre de los recuerdos, los selecciona, arma, muestra y expone creando nexos desde sensaciones más físicas, viscerales. El orden del relato parece responder a una puesta en escena que va buscando y perforando cada recuerdo para poder ver ahí el nexo entre padre e hija. Apenas abierto ese hueco, aparece un olor, de esos que salen de donde guardamos memorias por demasiado tiempo. Y viene a cuenta el olfato, gracias a la habilidad de Bechdel para recrear los olores, las sensaciones de su infancia y de su adolescencia. Ya sean aquellas que aparecían cuando niña pisaba la Fun Home del título, la casona colonial que funcionaba como funeraria de la familia Bechdel, o sean aquellas que descubría en los libros que, en aquel entonces, eran el puente con su padre.
Las imágenes de Bechdel van desde ataúdes flotando en la residencia familiar a citas ilustradas (es decir, páginas de libros dibujados, recreando esa textura de la página de libro antiguo); sus preguntas van desde la misteriosa muerte de su padre a preguntarse los motivos de la fría distancia que caracterizó la relación entre ambos ya entrada la adultez. Bechdel tiene el extraño don de construir momentos de incertidumbre con una potencia visual y narrativa infrecuente. Nos pasea por su vida, por la muerte de su padre, como si fuéramos niños en una casa funeraria: sabemos que hay algo extraño, fantasmal, incluso podemos olerlo; pero no podemos dejar de recorrer rincones, de buscar claves secretas, de creer que todo es una especie extraña de aventura.
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