16/08/12 Libros, Reseñas de libros
Gerardo Deniz, genio y figura

Una antología imprescindible de una de las obras poéticas más creativas y rigurosas en nuestra lengua. / Por Nicolás Vilela
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Para todos aquellos que pensamos que la singularidad es un valor fundamental en literatura, la edición argentina de Mansalva, de Gerardo Deniz, publicada originalmente en México y en 1987, reviste carácter de acontecimiento. Nacido en España en 1934 y residente en México a partir de 1942, Deniz ha construido un sistema poético tan extraño y personal que ni las prosas autoexegéticas al final del libro logran despejar la incógnita; al revés: como señala Aira en la contratapa, estos textos vuelven a la obra más intrigante todavía. Mansalva reúne poemas de sus tres primeros libros (Adrede, Gatuperio y Enroque) a través de un criterio de selección según el cual nunca entran en contigüidad dos poemas del mismo libro. A un poema de Gatuperio sigue uno de Adrede o Enroque, y así sucesivamente. Las ideas envejecen mejor cambiando de contexto: tal es la premisa subyacente al método, que Deniz extiende a la composición de cualquier verso del poema. En Mansalva encontramos a una matemática boloñesa dieciochesca junto a una cita de Mallarmé, o a un hallazgo de la astronomía del siglo XVII junto a la descripción de una planta tradicional de México.
Donde la cadencia toca el límite permitido de lirismo, aparece la ironía para descargar el tono.
La amplitud de intereses y erudición de Deniz –música, poesía simbolista y barroca, química orgánica, lingüística comparada, erotismo, botánica– son variables que se conectan y balancean con toda naturalidad dentro del sistema. Donde la ciencia o la poesía barroca aportan los cultismos y las abstracciones, las imágenes físicas contrapesan trayendo claridad y materia; donde la cadencia toca el límite permitido de lirismo, aparece la ironía para descargar el tono. O inclusive: donde el poema se vuelve confuso por cantidad de alusiones y citas, las prosas explicativas del apéndice muestran que todo tenía su razón de ser y estimulan a que el lector incorpore la investigación como pauta de lectura.
Leído desde la Argentina, donde el neobarroco tuvo una o dos temporadas fuertes, el libro de Deniz ofrece un contraste importante. En el neobarroco argentino, la batería de palabras cultas, retruécanos, aliteraciones y demás énfasis de la materialidad del significante y la opacidad del significado produjeron una cantidad de jeroglíficos de escaso contenido y valor. Deniz hace uso de similares procedimientos, con la diferencia de que cuando escribe “estrídulos” o “¡Qué transvección, versiera!” lo hace a conciencia de la referencia histórica y de la precisión científica de cada palabra, y no arbitrariamente o por mero efecto sonoro. Si Mansalva es uno de los libros del año es justamente por esta novedad, por esta mezcla singular de creatividad y rigor.
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Gerardo Deniz
Mansalva
(Mansalva)
124 páginas












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