27/07/12 Libros
Hormigas en el culo, de Brian Jánchez

Un pequeño volumen condensa todas las facetas del trazo radioactivo de Brian Jánchez. / Juan Manuel Dominguez
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Alguna vez, Fran López, rapero con muchísimo kiosco e historietista fundamental, sostuvo, entre la calidez de una merienda y la sincera admiración: “Yo si en la vida soy solo una nota al pie en la biografía de Brian Jánchez, estoy feliz”. ¿Para tanto? Bueno, el pequeño Hormigas en el culo es una de esas pistas, tamaño Empire State, de que López no se equivocaba, una de esas pistas que solo pueden ignorarse si se compra lo que las librerías ponen en las bateas y nada más. Hormigas en el culo, tomito que compila los trabajos de Jánchez para la revista Pelotazo, es historieta infantil que sabe, todavía, hablarle directamente a los chicos. Hay una idea errónea, confundida, un poquito culpa de Pixar (o incluso del chiste-guiño a la Shrek): un producto puede estar completamente pensado para niños, y no por ello regirse bajo parámetros más, digamos, universales (Toy Story 3, por ejemplo, está más dirigida a un adulto que a un niño; no pasa lo mismo con Mi villano favorito). Los tiempos cambian, los chistes infantiles también; por eso, antes que un “libro infantil excepcional”, lo que hace realmente Hormigas en el culo es trasladar la sensibilidad de Jánchez a ese terreno. Eso es lo que le da su fuerza –tan de hormiga– capaz de levantar viejos conceptos y lanzarlos a la estratósfera, dejarlos allá flotando, para que unos pocos fósiles sigan pensando que es un libro “piola” cuando lo que hace es antes que nada realmente orgánico.
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Los tiempos cambian, los chistes infantiles también; por eso, antes que un “libro infantil excepcional”, lo que hace realmente Hormigas en el culo es trasladar la sensibilidad de Jánchez a ese terreno.
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Hormigas en el culo tiene tres partes diferentes. La primera se dedica al humor gráfico, a los chistes de una viñeta. Jánchez, como Johnny Ryan, parece, en una primera y brutal lectura, hacer chistes a escondidas en una clase del colegio, de forma hiperfértil, indetenible, sin filtro de calidad. Pero después, cuando su humor desaparece de nuestros ojos, nos damos cuenta de que Jánchez sabe medir perfectamente su comedia, que dispone los elementos de una forma primaria –pero no por eso no sabe aprovechar los espacios. De una forma consciente e intencionalmente primaria, que no es lo mismo. La segunda parte corresponde a Topati, una idea perfecta para el formato clásico de cuatro viñetas que Jánchez utiliza aquí: un tipo que frente a la luna llena, y a pesar de todas sus ganas de ser un monstruo, se transforma en ¡un hombre pato! Son esos avatares de pato-que-no-asusta a nadie, en un mundo donde los monstruos existen (aunque siguen dando miedo), los que muestran la capacidad de Jánchez a la hora de las cuatro viñetas. Chistes no obvios pero sencillos, que agudizan antes de presentarse como entretenimiento de cumpleaños: si Topati se leyera tanto como Gaturro, es difícil imaginar un mundo donde los niños no amen la historieta. La última parte es Soy L.A. aventura, el más honesto pero a su extraña forma porteño homenaje a Calvin & Hobbes que Jánchez puede dar. Pero donde cierto espíritu lúdico hacía gigante a la obra de Bill Watterson, Jánchez saca el barrio, la puteadita y esas cosas que solo pueden pensar los historietistas que tienen hormigas en el culo.
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BRIAN JÁNCHEZ
Hormigas en el culo (Noviembre) 48 páginas
edicionesnoviembre. blogspot.com.ar












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