13/12/10 Libros
James Frey: otra vez la polémica

Ser una fábrica de bestsellers, listos para adaptar en la industria de Hollywood: esa es la ambición del polémico James Frey, quien se hizo de un equipo de autores a bajo costo.
Por Jean-Vincent Russo
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Hagamos memoria. En 2004, la autobiografía de James Frey, A Million Little Pieces, en las que relataba sus años de adicciones y desintoxicación, se vendían como pan caliente. En 2006, sin embargo, Oprah Winfrey lo reducía a polvo demostrando que su supuesta biografía era, en realidad, pura ficción.
Hoy, Frey vuelve coronado por un nuevo escándalo. Su idea: producir libros a escalas industriales, como cualquier otro producto masivo. Para lograr esto, el autor decidió aplicar técnicas de escritura colectiva –una receta ya probada y aplicada en Hollywood para las series de televisión en las que un equipo de autores se rompen la cabeza para producir diálogos a montones. La ambición de Frey es la de producir un paquete rentable para las góndolas sacro-santas de los distribuidores de “cultura y entretenimiento”. Esto es, novelas cuya idea inicial es el resultado de un brainstorming, y que son luego analizadas y reconfiguradas para convertirse en best sellers y servir de base para proyectos cinematográficos hollywoodenses, sin olvidar otros posibles destinos como la televisión o el merchandising. Full Fathom Five –el nombre del proyecto–, ya produjo algunos éxitos: I Am Number Four (en vías de producción de la mano de Dreamworks), The Montauk Project, y The Other World Chronicles, para la que Will Smith ya manifestó su interés.
El concepto no es muy novedoso: ya fue aplicado por Jeff Koons y Damien Hirst en el dominio de las artes plásticas, inspirados estos a su vez por Warhol y su Factory en los años sesenta. Sin embargo, sí es novedosa su utilización en el sector de la industria editorial. Pero la polémica que se desencadenó hace unos días en los Estados Unidos tiene más que ver con los contratos ofrecidos a los autores: en las mayoría de los casos jóvenes poco acostumbrados a negociar sus derechos, que tienen que sacrificar mucho para poder trabajar con el nuevo rebelde de la literatura norteamericana. Aquí, un autor sólo recibe 250 dólares por obra, pagados en dos cuotas (una mitad en el momento del acuerdo y otra con la entrega del trabajo) sobre la cual no tendrá, en ningún caso, la última palabra. Respecto a los derechos de autor, estos deberían rondar el 40% de los ingresos que generaran los libros en cuestión. La manera en la que están calculados estos ingresos es otra cuestión, y es este el punto que parece levantar la mayor cantidad de suspicacias. Si el libro se vende bien, la relación laboral puede extenderse, pero el autor inicial no tiene asegurada, en ningún caso, su participación en el proyecto. Mientras tanto, su nombre podría aparecer en la tapa… o no.
“Nunca en mis diesiséis años de carrera vi semejante contrato”, cuenta Conrad Rippy, abogado especialista en ediciones de New York Magazine, revista que dedicó varias semanas de trabajo y un extenso artículo sobre el asunto (antes de que el Wall Street Journal le robara la primicia). El New York Magazine publicó también online la totalidad del Contrato Full Fathom Five. Por su parte, James Frey se defiende alegando ser percibido como el “malo” del cuento y de querer explotar a quien sea. “Estos contratos dependen de la experiencia de los autores, y no son ni más ni menos violentos que los que se firman en la industria del cine”, declara Frey a la prensa estadounidense. La idea se le habría ocurrido mientras leía la saga de Harry Potter, en la cual percibe una cierta “perfección”. “La serie está a punto de terminar y hace falta alguien que tome la posta. Pensé que podría ser yo”, cuenta Frey al Wall Street Journal.
¿Una gestión puramente cínica, un proyecto conceptual o un megalómano que intenta que la gente vuelva a hablar de él?












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Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.
- Daniel