21/01/11 Libros
Joyce Carol Oates

De Marilyn Monroe a seres anónimos violentos y familias disfuncionales, el universo narrativo de Joyce Carol Oates viene echando desde hace décadas sus raíces en el lado más oscuro del sueño americano. Tan prolífica como de costumbre, tras la reciente traducción de Mamá, en las próximas semanas llega Ave del paraíso. / Entrevista Emily Barnett. Foto Mario Ettlinger.
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Autora de una obra tentacular que desde los setenta se viene expandiendo en más de setenta títulos, entre novelas y colecciones de cuentos, Joyce Carol Oates es considerada una de las escritoras más importantes de la actualidad. Aunque si pensamos en los contemporáneos de esta mujer de silueta delgada y pelo rizado (entre ellos: Norman Mailer, John Updike, Philip Roth, Saul Bellow), se vuelve evidente que Oates, nacida en 1938, no disfruta del mismo grado de reconocimiento. Como freno posible podrían invocarse cuestiones de género o incluso la violencia de sus escritos: chicos martirizados, adolescentes criminales, secuestradores, asesinos, violadores, terroristas… Como otros tantos demonios del revés del sueño americano, esta fauna frecuenta los libros de Oates, invade su universo novelesco de familias malditas, delincuentes marginales y catástrofes ecológicas.
ENTREVISTA> Hace poco te homenajearon en el festival de Deauville, en Francia. Una novelista homenajeada por un festival de cine, ¿no es una paradoja?
Joyce Carol Oates: El cine siempre se enriqueció con la literatura. La relación entre las películas y las novelas es, entonces, muy estrecha. Por mi parte, en tanto escritora, me nutro todo el tiempo de películas como las de Bertolucci, Cronenberg, Scorsese. Y por otro lado, mi novela Blonde, sobre la vida de Marilyn Monroe, está siendo adaptada al cine.
¿Participaste en el guión?
No, pero leí la adaptación de Andrew Dominik que me pareció excelente. Es difícil para un escritor adaptar su propia novela. Varias veces me propusieron que escribiera guiones de mis textos, pero lo rechacé en cada oportunidad.
¿Por qué quisiste escribir una novela sobre Marilyn Monroe?
Me fascinaba Norma Jean Baker, una joven como cualquier otra aunque con una infancia infeliz. Mi idea no era escribir sobre Marilyn sino sobre la persona en que se convirtió Marilyn. Blonde cuenta la trayectoria de una casi huérfana que se convertiría en el centro de gravedad de una industria, hasta volverse un producto manufacturado. Quería escribir una tragedia moderna: la transformación de una joven ordinaria en princesa, que va a terminar drogadicta y va a perder su alma. La vida de Norma Jean era un cuento de hadas que se transformó en maldición.
Blonde es también una crítica a Hollywood…
Al Hollywood de los cuarenta y cincuenta, sí. Hoy es muy diferente. Las grandes estrellas como Nicole Kidman o Julia Roberts no tienen contrato con los estudios. Son libres. Marilyn Monroe tenía que hacer las películas que le decían que hiciera. Hollywood era una trampa. Si hubiera vivido hoy, habría tenido una carrera similar a la de Madonna.
Una de tus últimas novelas, todavía no traducida al español, My Sister, My Love, está basada en un suceso real. ¿Podés adelantar un poco de qué se trata?
En 1996, se encontró en Colorado el cuerpo de una niña, JonBenét Ramsey, algo así como una famosa y precoz mini-miss belleza. Pero mi novela es una ficción, se aleja de este suceso para describir a una familia estadounidense en la que los chicos son explotados por sus padres. En general, la disfunción familiar viene de una proyección de los padres sobre los hijos. Los pequeños prodigios, como Michael Jackson, Tiger Woods o las hermanas Williams, no son otra cosa que la ambición desplazada de una madre o de un padre sobre sus descendientes.
No es la primera vez que te inspirás en un suceso real…
No, también lo hice en Agua negra. El punto de partida era el accidente de tránsito de Ted Kennedy en 1969. Su auto salió de la ruta y se hundió en un estanque. Su asistente, que también era su amante, se ahogó mientras que él logró salir e intentó callar el asunto. Quería mostrar cómo la vida política estadounidense explota una cierta idealización de la juventud y de la belleza. En los Estados Unidos, se construye una imagen fantasiosa de los políticos, con la intención de vender bellos productos a los votantes. Así pasó con Kennedy pero también con Clinton y con Obama. Y es esto lo que lleva a la desilusión.
My Sister, My Love toma la forma de una confesión del hermano de la víctima, diez años después. ¿Por qué esa elección?
Es una confesión, y quizás una novela suicida, como termina por escribirlo él mismo. Él piensa que es el asesino de su hermana. Al principio, quería escribir sobre una persona joven cuyo patronímico fuera conocido. Tenía esa imagen de una adolescente que entra en un negocio y ve su nombre en un tabloide. ¿Cómo se vive siendo “el hijo de”? ¿Qué siente un chico del nombre que lleva una maldición? Podría haber escrito, por ejemplo, sobre los hijos de O. J. Simpson.
En tus libros incluís dibujos, poemas, fragmentos de todo tipo. ¿Por qué estos juegos formales? ¿Es un rechazo a la novela tradicional?
Practico una escritura fragmentaria. En las novelas escritas en primera persona, en general se convoca a la memoria. Y la memoria no es lineal, sólo surge por fragmentos: recordamos una cara, una frase, una sombra que percibimos por la ventana.
Tus novelas están marcadas por la violencia. ¿Podemos decir que uno de los motores de tu escritura es el horror cotidiano, la monstruosidad en lo que tiene de más humano?
Escribo sobre el mal. La naturaleza de ese mal difiere entre una madre que mata a su hija por locura y desesperación y, digamos, un gangster. Uno de los motores de mi escritura consiste en confrontar la parte educada y civilizada del ser humano con su parte salvaje. Mostrar cómo los seres humanos negocian con la violencia, con las leyes, con la muerte.
¿Te interesa shockear al lector?
¡Me pasa de shockearme a mí misma! En Blonde, me costó escribir la escena en que Marilyn canta su “happy birthday” a Kennedy. Ella está totalmente drogada, la gente se ríe de ella, incluso Kennedy hace un gesto con la mano burlándose. Es muy triste.
Esta presencia de la violencia, ¿te sirvió para emanciparte de cierta idea de la literatura “femenina” cuando empezaste a escribir en los sesenta?
En esa época, había pocas mujeres escritoras. Empezaron a escribir mucho en los setenta y ochenta. En cambio, había grandes autoras del pasado como Virginia Woolf, Colette, las hermanas Brontë. Sinceramente, esas preguntas sobre la condición de la mujer escritora no me interesaban. Escribía desde que era chica, era natural para mí. Jamás me cuestioné mi legitimidad como escritora en tanto mujer.
Entre 1973 y 1982 llevaste un diario en el que hablabas de la dificultad de ser a la vez esposa, profesora y novelista. ¿La mujer moderna nació de esta polivalencia?
Sí, en la medida en que hoy las mujeres ya no dependen financiera ni socialmente de los hombres. Tienen una carrera y están casadas, mientras que en los cincuenta y sesenta el matrimonio era el único camino de plenitud personal. No tuve hijos. La pareja que formaba con mi primer marido, que era editor, estaba fundada en el amor por los libros y por la escritura.
¿Tu relación con la escritura cambió con los años?
Sí. Ahora hago muchas más correcciones. Antes escribía y después volvía a escribir el conjunto del manuscrito. Hoy, rescribo cada página una por una.
Tu obra cubre un largo período de la historia estadounidense, del siglo XIX en Bellefleur a los grandes motines raciales del XX en Ellos. ¿También te interesa la actualidad?
Algunos de sus aspectos, sí. No escribiría sobre la crisis financiera pero ya escribí sobre el 11 de septiembre, en The Tattooed Girl. Actualmente, trabajo en una novela que se desarrolla en 2003, en el momento en que se desata la guerra en Irak. También quiero escribir una ficción sobre una familia que pierde a su hijo allá.
Eras amiga de John Updike y de Susan Sontag. ¿Influyeron en tu trabajo?
Sobre todo estaba cerca de John. Es un enorme escritor que infundió potencia a la literatura estadounidense, particularmente a través de su representación de la naturaleza. Por otro lado, me acuerdo de que Susan y yo participábamos en un mismo grupo de escritura. Yo había escrito un cuento en el que había un personaje femenino inspirado en nuestras dos personalidades. Nos hizo reír mucho.
Publicás en promedio dos novelas por año, en general bastante extensas. ¿Qué te hace escribir tanto?
¡No creo que sea prolífica! En realidad, paso mi tiempo frenando la escritura; si no, sólo haría eso. Me gusta escribir historias sobre mujeres fuertes que logran superar una violencia exterior o interior. Me gustan los finales felices. Si Marilyn hubiera sido un personaje de ficción, no se habría suicidado y habría terminado feliz en la última página.
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Ave del paraíso (Alfaguara)
480 páginas. Traducción de Carme Camps.
528 páginas. Traducción de José Luis López Muñoz.












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