11/08/11 Libros

Meteoro de verano, de Arno Schmidt


  

Una serie de relatos del Joyce alemán traducidos por primera vez al español.

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Durante mucho tiempo el lector en lengua castellana tuvo que conformarse con La república de los sabios, una excelente novelita de ciencia ficción distópica, postapocalíptica, que por todos lados buscaba escurrirse del género. Editada en 1973 por Minotauro, traducción de Luis Alberto Bixio. Todavía se consigue por ahí, en saldo, a quince pesos. Después vinieron algunas traducciones españolas: Momentos de la vida de un fauno, El corazón de piedra y Leviatán. Espejos negros. El año pasado: El brezal de Brand, editado en España en 2006, apareció apilado en algunas librerías de Buenos Aires, también a quince pesos, junto al descarte revoleado por Planeta/Emecé. Poco de Arno Schmidt en castellano, entonces. Sobre todo considerando el volumen de su obra: ocho novelas, diez nouvelles, dos volúmenes de cuentos, varios tomos de correspondencia, etcétera. La causa es la de siempre o casi siempre: Arno Schmidt es de los escritores difíciles, de los “intraducibles”. De los escritores que se entretienen explorando las posibilidades de su idioma, ya que explorar el propio idioma es –cualquiera lo sabe– una de las tantas maneras de explorar el mundo/la vida. Un poeta, o sea, en el mejor sentido de esa palabra. Un grande, sí, un loco genial, un monstruo de la lengua alemana. Pero difícil. El Joyce, el Gadda, el Céline alemán. Uno de los grandes satiristas del siglo veinte, en cualquier lengua. Maestro de la ironía, del sarcasmo. Una suerte de Burroughs de los bosques, un Burroughs sin droga. Un gran pesimista también. Pero un pesimista que se cagaba de risa. Un misántropo riente. Satélite de órbita irregular –desacatado, díscolo– del Grupo 47. Lejos del vitalismo, de la pedagogía realista de mucha literatura alemana de posguerra. Con lo poco que hay en castellano es suficiente para darse cuenta: lo de Arno Schmit es el lenguaje. Nada más. A ver hasta dónde es posible llegar en esto de escribir. Caminar en la soga. Los juegos, las combinatorias. Las múltiples posibilidades del habla en la escritura. Elisiones, contracciones, neologismos, etc. El “intento de dar por escrito la realidad fonética de la lengua hablada”, como dice Claude Riehl, su traductor al francés.

En este sentido, esta nueva traducción de Schmidt, realizada por Gabriela Adamo, es un acontecimiento, una felicidad para los schmidtianos hispanohablantes. En primer lugar, por el simple hecho (el milagro) de un nuevo libro de Arno Schmidt en castellano (ahora, una serie de relatos cosidos por una misma voz, la de un narrador malicioso, suerte de alter ego de Schmidt, que destila en todo momento una acidez con la que derrite todo lo que nombra). Y en segundo, por el acierto de la traducción de Adamo, que no buscó normalizar, aplanar, domesticar el original alemán, sino que intentó, a riesgo de dificultar la lectura, respetar y trasponer sus aristas, sus matices, sus dificultades, las típicas, bellas, arbitrariedades de Schmidt en torno a la sintaxis, la puntuación y las grafías. / Mariano Dupont

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ARNO SCHMIDT

Meteoro de verano

(La Bestia Equilátera) 184 páginas

Traducción de Gabriela Adamo