21/09/12 Libros, Reseñas de libros
No mires abajo, de William Sansom

Inédito hasta ahora en español, el escritor inglés despliega en su libro de relatos un abanico amplio y sugestivo de estrategias narrativas. / Por José María Brindisi
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Hay una cuerda que sólo los escritores británicos saben tocar (bueno: también algunos norteamericanos del siglo XIX como Twain, o Hawthorne, o el Melville de Bartleby, antes de que el humor se convirtiera para ellos en una suerte de “a ver quién la tiene más grande”), o mejor dicho que tocan mejor que nadie, y que es una combinación en diversas pero elegantísimas dosis de sobriedad, ironía y racionalismo, por lo general sazonada con algún tipo de entrevero moral y, muchas veces, una saludable cuota de misterio o directamente fantasía. Esa tradición, que termina materializándose en géneros tan disímiles como la sátira, el policial blanco o el cuento fantástico, es ante todo un tono, un modo del distanciamiento, al mismo tiempo una suerte de complicidad con el lector para situarlo en un terreno que con frecuencia es movedizo, incómodo, irreductible. El primero de sus cultores quizá sea De Quincey –aunque pensándolo bien, todos los caminos conducen a Shakespeare–, y cerca suyo Jane Austen, y en adelante una larga lista que incluye el extraordinario y personal registro de Thackeray, y por supuesto a Chesterton y a Saki, y ya bien entrado el siglo XX nombres altamente significativos como Henry Green y, ahora lo sabemos los lectores en castellano, un tal William Sansom.
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Si el caso de Sansom llama particularmente la atención es por la amplitud de sus intereses, que van desde el relato fantasmagórico con tintes psicológicos al retrato social, de las pujas con el azar y el destino al cristalino peregrinar kafkiano en el que se cuentan, sin ambigüedades ni enigmas, los horrores más escalofriantes, o peor, más absurdos.
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Nacido en 1912, Sansom es otra de esas perlitas anglosajonas que el sello La Bestia Equilátera viene rescatando o resignificando para nosotros desde hace un par de años –V. S. Pritchett, Alfred Hayes, Yvy Compton-Burnett– y que ya cargan, con sus más y sus menos, con algo así como una garantía de calidad. Si el caso de Sansom llama particularmente la atención es por la amplitud de sus intereses, que van desde el relato fantasmagórico con tintes psicológicos al retrato social, de las pujas con el azar y el destino al cristalino peregrinar kafkiano en el que se cuentan, sin ambigüedades ni enigmas, los horrores más escalofriantes, o peor, más absurdos. Si bien son escasos los elementos que lo acercan al autor de La metamorfosis, hay de a ratos una lógica similar, un modo de presentar los hechos en que se diluye toda relación con lo oculto para dar paso a la simple y abrumadora realidad.
Uno de los mejores relatos de esta antología, titulado Una habitación pequeña, se inscribe en esa línea, pero la verdadera joya del libro va en una dirección bien distinta. Tentaciones varias, así se llama, es una pequeña maravilla porque refleja dolorosamente la fragilidad extrema del alma humana: un asesino serial que se aparta de su camino, y duda; una mujer desesperada que de esa duda hace su religión. Todo el mundo sabe dónde termina una historia así; pero lo extraordinario es el hecho de que una vida dependa, apenas, de un insignificante chispazo.
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William Sansom
No mires abajo
(La Bestia Equilátera)
170 páginas. Traducción de Teresa Arijón.












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