20/07/12 Medios

Bobby Flores x Clemente Cancela


Bobby Flores fue una de las voces que participaron de un momento clave de la historia de la radio local: la creación, evolución y apogeo de la Rock & Pop. Pasaron más de veinticinco años de aquella apertura, y ahora vuelve a ese espacio para animar las noches de los sábados con Bit Box, su nuevo programa. El legendario DJ reflexiona sobre el pasado y el presente de la radio, las posibilidades de un nuevo paradigma cultural y una fija: su pasión intacta por la música. / Entrevista Clemente Cancela / Foto Catalina Bartolomé

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La imagen que tengo tuya es como la del DJ negro de Vanishing Point: un tipo con gorro de lana, anteojos negros, poniendo los discos que le gustan. Para mí siempre fuiste eso”, le dice Clemente Cancela a Bobby Flores, haciendo referencia al personaje que guía casi espiritualmente desde la radio al fugitivo Kowalski, que escapa sin saber bien de quién y sin saber a dónde en un Dodge deportivo rojo, en una hermosa película que crece con los años. “La respuesta es sí, soy eso”, dice orgulloso Bobby. Ni la chapa de ser una de las figuras fundadoras de la FM local como parte de Radio Bangkok en Rock & Pop, ni las tardes eternas de Guardias a mí y Subí que te llevo en la misma radio, ni las noches depuradas a puro soul y blues –la especialidad de la casa–, y mucho menos su perfil de tipo “gracioso”. Aceptando la idea de su interlocutor, Bobby Flores se da el lujo, modestamente, de poner en segundo plano una carrera que lo hizo ser quien es y con la que muchos sueñan como propia, para ponerse en el lugar que más alegría –y tranquilidad– le trajo, y que le permitió decir alguna vez una frase que a esta altura es sello personal: “Lo más importante que tengo son mis discos”.

ENTREVISTA > Arranquemos hablando de tu regreso a Rock & Pop…
Bobby Flores: Básicamente, Rock & Pop es un manicomio, con enfermos y enfermeros. Y gente como yo, que somos las visitas. Esto no lo hace diferente de otros momentos de la radio.

O de otros medios…
Sí, claro, no me quiero imaginar lo que es América TV. La tarde ahí no debe ser un manicomio, debe ser Marte. Me lo imagino como esa escena de El vengador del futuro en la que aparece una discoteca llena de freaks…

Esa multiplicidad de personajes que son un denominador común en todos los medios, ¿hace que el medio pierda una identidad o que la reformule?
Depende de quién esté al frente del nosocomio. Hay una diferencia entre un caos organizado, que puede generar una nueva forma de lo que sea, y otro que sigue siendo caos hasta que explota.

Para el oyente histórico de la radio, que vos vuelvas no es un dato menor. Como oyente de la época de Guardias a mí, por ejemplo, se nota un intento por volver a ciertas raíces musicales. ¿Notás esto?
Sí, yo considero que Rock & Pop es una marca que ha tenido un concepto atrás que fue muy fuerte en su momento. También considero que la radio ya ha tenido su cenit. La naturaleza todos los días te da una lección de vida: el sol llega a lo más alto e inevitablemente después decae. O sea, después del cenit viene el ocaso. Ok, el ocaso puede ser un fade out de cuatro siglos. El cristianismo está en un fade out de unos cuantos años, por ejemplo. No estoy vaticinando el fin de nada, digo que la Rock & Pop tuvo su cenit, y los que lo vivimos sabemos bien cuál fue, fue muy preciso.

 

“La radio sigue siendo el canal de distribución de música más agresivo, eficaz y fácil. Te tomás un taxi o te metés en una oficina y capaz durante los cinco minutos que tenés que esperar, si te pusieron dos buenas canciones, ya te hicieron pensar en algo.”

 

¿Cuál fue?
Te voy a contar una historia. Cuando empezó Rock & Pop, almorzábamos y cenábamos siempre en la casa de Daniel Grinbank. Y en aquel momento, Daniel siempre decía que la cosa iba a cambiar el día que trajéramos a los Rolling Stones. Que te digan eso en el ‘84 era ver a un líder carismático y algo estrambótico, pero que iba a algún lugar. Y un líder tiene que tener un punto utópico, si no, no es líder. La meta era traer a los Stones. Porque éramos la contrapartida de lo que hasta ese momento se usaba musicalmente en la radio; la cosa era más Beatle: los líderes de opinión musical en la radio eran Badía y compañía. Nosotros fuimos los que pusimos a los Stones al aire, porque era con lo único que podías contrarrestar a los otros. Y no porque no nos gustaran los Beatles, sino porque teníamos que buscar otro camino. Diez años después, en el festejo de los diez años de Rock & Pop, están los Stones en Buenos Aires, traídos por Grinbank y apoyados por la radio. Después del quinto show, Daniel llama a su oficina a todos los que habíamos trabajado en eso en River, y nos dice: “Brindo por el ocaso de Rock & Pop, que empieza a partir de este momento”. Tardé años en darme cuenta de lo que estaba diciendo, pero fue así. Ya habíamos traído a los Stones: la radio había cumplido aquello para lo que había sido creada.

Estamos hablando de reformular un paradigma radial en un momento, que es cuando aparece la Rock & Pop, y trato de imaginarme cómo sería reformular un paradigma ahora…
Creo que hoy sería formando una nueva línea de pensamiento que se popularice y provoque esos regueros de pólvora que generó Rock & Pop en los ochenta. Algunos eran buenísimos y otros eran una mierda, porque nosotros trajimos a The Bolshoi, por ejemplo, que los inventamos nosotros, y nunca más volvieron a tocar. Siempre pienso qué pasaría si en vez de ver los debates de la separación de la vedette y el cornudo de turno, viéramos uno entre la línea de pensamiento de Hegel y la de Emanuel Swedenborg. Si eso tuviera treinta puntos de rating, no sé si hoy tendríamos la sociedad que tenemos. Aspiro a elevar el nivel de debate en todo sentido; en la televisión, en la radio o donde me toque estar. De la misma manera, reformular hoy un medio de comunicación tendría que partir de algo así, no de un show o de una música determinada, sino de una línea de pensamiento para ser la generación del 2020; que sea una generación que se recuerde en el año 2450.

En la radio se valora mucho cuando un tipo sabe de música y te puede hacer conocer algo, y eso no está tan latente hoy. Y tu regreso a la Rock & Pop tiene que ver un poco con eso.
Pero todo puede ser más sutil, no tiene que estar tan en la vidriera; no hace falta el tipo que sabe mucho de música o de libros, sino el tipo que sabe mucho de algo y lo ejecuta. Lo que tiene de interesante Dolina es que posee un caudal de librerías y sabe ponerlas en la mesa. Yo lo que veo es que, en general, no sé cuántas palabras tiene en su cabeza la gente (no quiero decir “la juventud”). El otro día le preguntaban a un bailantero cuál era la temática que había abordado en uno de los hits que estaba por tocar, y el pibe empezó a balbucear, y vos veías que algo quería decir pero que no tenía la clave para hacerlo. Cuando escuché el tema me di cuenta de que la palabra que le faltaba era “remordimiento”.

Exacto: la sensación que yo tengo es que hoy el que pega es aquel a quien le faltan las palabras. El programa de radio más escuchado de la mañana es el de Santiago Del Moro, que es un gran conductor pero viene de un palo completamente distinto…
Es que es mucho más difícil seguir a un tipo como, por ejemplo, Víctor Hugo Morales: cuando habla de música se complica, porque te habla de Turandot y te lo mezcla con Ginastera y te mete la ópera criolla… Y vos, por empezar, ni siquiera sabés quién es Ginastera, tenés que ir a Google. Obviamente, es mucho más fácil seguir a un tipo como Del Moro, que a mí me cae bien, me parece simpático, pero no sé si está para formar una nueva línea de pensamiento, que fue lo que formó Rock & Pop en su momento. Lo de Rock & Pop era fácil de copiar en la superficie; era fácil hacer Radio Bangkok, Malas compañías o Levi’s Midnight durante dos semanas. El punto era ver qué pasaba en ocho meses.

 

“La labor del disc jockey hoy en día está muerta, como la del afilador: es una profesión que va camino a la muerte.”

 

Antes uno se formaba musicalmente con la radio, pero ahora tenemos todo mucho más a mano. La música ya no está adentro de la radio, sino afuera. ¿Cómo se puede formar una línea de pensamiento desde lo musical?
Yo llevo treinta años en esto; debuté en febrero del ‘77 como disc jockey en los bailes de carnaval, y lo primero que puse fue “Never Can Say Good Bye”, de Gloria Gaynor. El pibe de la noche subió y, con un coscorrón amistoso en la nuca, me dijo: “No toques esos discos, que son para la noche. Vos usá esos”. Y me dio una caja con José Luis Perales, Adamo… Una primera lección. Bueno, pero lo que te quiero decir es que desde el ‘77 para acá, jamás se había consumido tanta música como ahora. Hoy cualquier pelandrún anda con 5.000 temas colgados del cuello. La labor del disc jockey hoy en día está muerta, como la del afilador: es una profesión que va camino a la muerte. Sí se necesitan curadores de música: yo creo que la función del musicalizador hoy linkea más con la curaduría que con la difusión. Todo el caudal de música que tenés ahí hay que direccionarlo. A mí me ha pasado de mostrarles a chicos muy jovencitos algunos temas de Lou Reed; después de unos días les pregunté si les había gustado, y me dijeron que sí, que ya tenían toda la discografía bajada.

El tema es que si te bajás todo no escuchás nada. Ante esta cuestión del “me bajo todo”, no se investiga demasiado.
Es que hay un afán de tomar la música como algo periférico. Cuando eras chiquito, tus viejos no te preguntaban qué música querías llevar de vacaciones. La música que escucha un pibe te habla mucho de él. Si vos tenés un pibe que escucha Erasure, Pet Shop Boys y Lady Gaga, te está diciendo algo que quizás no te dice a la hora de la cena, ¿entendés? Yo conozco el caso de un amigo cuyo hijo un día cayó en cana porque cagaba a patadas día por medio a unos pibes peruanos de una plaza. Mi amigo no entendía nada, se preguntaba qué estaba tomando el pibe. Y en el afán de ir a apoyarlo por todo lo que le estaba pasando al chico este, voy a mirar a su discoteca y veo que la banda más liviana que estaba escuchando era Rammstein. ¡Todo en alemán! Las tapas eran todas de gente con clavos en la cara. Loco, date cuenta de que el pibe lo pone ahí para que vos lo mires…

Después de tanto tiempo, ¿podés saber por qué una banda la pega y por qué no?
Hay casos bastante estándar y otros que se salen de la habitualidad. En algunos casos, hay una composición de tiempo y espacio que favorece que algo crezca desmesuradamente, y en otros hay una preparación previa que sale de tipos que saben qué se necesita. Bruce Springsteen, en ese sentido, es un master of the universe. En el momento en que los americanos se sentían los más grosos, el tipo hizo Born in the USA y les rompió el orto.

Pero hay otros que no tienen ese talento y la pegan igual…
Pero eso es porque Dios es grande. Yo una vez hice una publicidad en joda, parodiando toda esa cuestión de “el tema del verano”, ¡y la canción de esa publicidad terminó siendo el tema del verano! Pero no creo que haya un patrón. No creo que Lennon haya hecho “Imagine” pensando cuánto iba a vender. Supongo que la compuso con la misma pasión con la que hizo “Working Class Hero”.

 

“Lo de Rock & Pop era fácil de copiar en la superficie; era fácil hacer Radio Bangkok, Malas compañías o Levi’s Midnight durante dos semanas. El punto era ver qué pasaba en ocho meses.”

 

¿Para vos el rock sigue teniendo esa cuota de educación o es vehículo para un tipo de aprendizaje?
No todo. Sin ir a los de mi generación, hoy lo encuentro quizás no en el rock, en tipos como NAS o como Jay-Z, que hacen unas citas que te caés de culo. Yo escuché por ahí que Jay-Z hizo temas con frases de Baudelaire, de Las flores del mal. Bueno, Lou Reed ha hecho una obra fundamentada en la literatura de Edgar Allan Poe; si no lo conocías, no sé cuánto podías tardar en ir a comprar el libro.

La radio siempre cumplió un rol de educador musical, por decirlo de alguna manera. ¿Sigue siendo así, para vos?
La radio sigue siendo el canal de distribución de música más agresivo, eficaz y fácil. Te tomás un taxi o te metés en una oficina y capaz durante los cinco minutos que tenés que esperar, si te pusieron dos buenas canciones, ya te hicieron pensar en algo. Esa es la ventaja que tiene la radio. Podés escuchar radios que nunca escuchás. Yo la vez pasada entré en una ferretería y el tipo estaba escuchando una radio de música paraguaya; me quedé un ratito escuchando y pensaba: “Mirá qué notable el arpa de este tipo, cómo la está tocando…”.

¿Escuchás radio?
Trato de escuchar, aunque me aburre mucho. Me encanta escuchar radio cuando no sé qué está pasando. Hay tipos que me encanta escuchar, más allá de la radio en la que estén, y otros que me aburrieron pero en su momento fueron muy importantes. A Dolina lo escuché mucho, sobre todo cuando estaba con Castelo, a Horacio Salas… Vengo de una generación en la que la radio era mucho más trascendente de lo que es ahora. Y no había mucha música; estaba El tren fantasma o las noches de Badía, que para mí eran un poco blandas para lo que venía escuchando yo. Yo escuchaba más el discurso; trabajé en Radio Belgrano en la que en los pasillos te cruzabas a Dolina, Geno Díaz, Abrevaya, el negrito Albornoz que recién comenzaba su carrera de locutor… Vos calculá que hasta Rock & Pop no había ninguna radio que pasara rock como concepto.

¿Y cómo fuiste construyendo tu formación musical?
Volvemos a la pregunta del principio, que tenía que ver con cómo desde la música podés formar un nuevo discurso. La primera vez que me compré un disco fue en el ‘73, yo tenía trece años, un año brillante para la música. Venía Santana a Buenos Aires, y yo no tenía ningún disco de él, así que fui a buscar uno a la disquería, pero estaban todos agotados. No me lo olvido más: el tipo de la disquería me miró como desahuciado, y me dijo: “¿Te gusta Santana? A ver, ¿cuánto tenés? Tomá, te alcanza para estos tres discos”. Y me dio Trilogía de Emerson, Lake & Palmer, El lado oscuro de la luna de Pink Floyd y Artaud de Spinetta. Eran discos que recién habían salido, no es que los buscó. Cuando escuché Artaud, no entendí nada. Mi papá se acercó y me preguntó qué era eso que estaba escuchando, y le dije: “Esta es mi música”. “¿Artaud? ¿El escritor?”. “Sí”, dije yo. A los dos días me fui a comprar libros de Artaud.

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Bit Box
Sábados de 22 a 24 por Rock & Pop (95.9)

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