2/10/12 Medios
Bunheads, el regreso de Amy Sherman-Palladino

Los creadores de Gilmore Girls proponen en Bunheads otra vuelta de tuerca a un clásico norteamericano: la screwball comedy. / Por Pablo Conde
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Más allá de lo que se podía esperar, el final de Gilmore Girls fue un poco triste. Con la partida en la sexta temporada de sus creadores, Amy Sherman-Palladino y su esposo, Dan Palladino, el séptimo año se transformó en un atropellado y deslucido manojo de ideas de menor intensidad, un tímido esbozo de lo que la serie llegó a ser. Señalando diferencias económicas y artísticas, el matrimonio se tomó un tiempo para volver a encarar un nuevo proyecto televisivo en otra cadena, dando a luz a The Return of Jezebel James, que con sólo tres episodios se transformó en otro intento fallido de colocar a Parker Posey en el rol de estrella que se merece. Finalmente, tras seis años de vueltas y proyectos en el tintero, los Palladino vuelven a las formas con lo que se podría llamar Gilmore Girls 2.0, pero no: se llama Bunheads que –esperemos– está aquí para quedarse.
Gracias a las chicas Gilmore, Amy Sherman-Palladino se transformó en un sello de garantía desde cuatro lugares fundamentales del guión: la construcción de personajes, los diálogos, la construcción de personajes y los diálogos. No, no es un error: las creaciones de AMS tienen personalidades bien distinguibles, aristas por doquier, detalles ínfimos o gigantescos que las convierten en únicas, distinguibles, rastreables hasta la pluma de su creadora. Y si esa mezcla de desparpajo, humor y pathos que tienen sus personajes –impulsivos, generalmente excéntricos, poseedores de una contagiosa locura– no basta para reconocer la firma de su autora, pues serán los diálogos los que la delaten con suma urgencia, ya sea por su ritmo trepidante o por su insuperable ingenio, sazonado con una fuerte ración de cultura pop, de esa que deja afuera espectadores por doquier sin que siquiera se den cuenta. Con esta envidiable combinación, lo que hace AMS es, lisa y llanamente, comedia screwball o alocada, un insuperable y clásico subgénero, popular gracias a directores como Frank Capra, George Cukor, Howard Hawks o Billy Wilder.
Y si Gilmore Girls llevaba al screwball un paso más allá (todo Stars Hollow, el pueblito en el que vivían Lorelai y Rory, madre e hija, era un montaje que partía del disloque, transformándose en un universo descabelladamente disfrutable), Bunheads lo sublima, volviéndolo una obligación, tanto causa como consecuencia. Aquí, cualquier atisbo de normalidad queda vedado desde el vamos, como también las justificaciones de los accionares de sus personajes centrales. Michelle, una cansada showgirl de Las Vegas, alejada de sus sueños de juventud, acepta impulsivamente la propuesta de matrimonio de un admirador –genial y brevísimo Alan Ruck, el Cameron Frye de Experto en diversión–, mudándose con él a su pueblo natal, Paradise, lejos del mundanal ruido. Con entrenamiento en baile clásico, Michelle no tardará en involucrarse en la vida de su suegra, profesora de danza con un lejano pasado profesional. A ellas se sumará un pequeño grupo de adolescentes con más ganas de sacarse el aburrimiento que de bailar, aunque las cosas no tarden en cambiar para todas. El universo fuertemente femenino de Bunheads –su nombre proviene del slang y se refiere al rodete que usan las bailarinas– servirá de marco para las historias personales de un elenco elegido a medida. Michelle, la neo-Lorelai, es interpretada por Sutton Foster, bailarina y actriz teatral con un par de Tonys en sus amplias espaldas, que encabeza por primera vez una serie televisiva, con eficaz resultado. El rol de la excéntrica suegra cascarrabias recae en Kelly Bishop que, tras el papel de madre rígida y conservadora en Dirty Dancing, se transformaría en un rostro aún más conocido al encarnar a la aún más rígida y conservadora Emily Gilmore.
Que AMS ponga el foco en este particular universo no es casual: tras varios años de estudiar danza clásica, eligió su propia aventura al dedicarse a escribir guiones para la serie Roseanne. Bunheads es, entonces, una buena excusa para unir sus dos pasiones, en especial teniendo en cuenta la libertad de acción que le han dado desde la producción, esa que permite que se realice, por ejemplo, una coreografía con Picture In a Frame, de Tom Waits, algo que no se suele ver en televisión. Enhorabuena. Que el screwball esté con ustedes…












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