18/10/12 Medios

Friday Night Dinner


Motorizada por el slogan, marca registrada, sello de autenticidad de los Benvenuto, Friday Night Dinner es uno de los retratos familiares televisivos más simpáticos que se pueden encontrar. Su premisa es tan simple como explícita: una familia (padre, madre y dos hijos veinteañeros) se junta todos los viernes a la hora de la cena. Con los chicos viviendo cada uno en su propia casa, esa comida compartida sirve a la vez de encuentro semanal, puesta al día y repetición de viejas –e inevitables– mecánicas familiares. Así, el padre, con su despiste potenciado por la sordera, se presentará desalineado, distraído y torpe; la madre siempre impoluta, sagaz, con cierta picardía, pero madre al fin; y los hijos, siempre díscolos, ambos en plan Zipi y Zape, con travesuras preadolescentes, poniéndose sal uno a otro en la bebida, dejándose en off side entre sí todo el tiempo, etcétera.

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Los Goodman no son, para nada, una familia disfuncional, lo que quizás sirva para potenciar la propuesta. Aquí no hay ladronzuelos pendencieros, ni problemas sociales como en Shameless, sino todo lo contrario: el semana a semana de una familia inglesa de clase media cuyos problemas no pasan por el dinero ni el trabajo, sino por los pequeños detalles que forman a cada uno de sus miembros. Así, el centro de un episodio puede llegar a ser una batalla por la quema de viejas e inútiles revistas de ciencia, un tesoro paternal poco comprendido, o la importancia de unas cortinas nuevas. Trivialidades cotidianas, características personales, esencia de la estructura hogareña; Friday Night Dinner ataca al corazón de la familia tipo con inusual frescura, el tono y la cuota justa de humor, sin desbordar en el grotesco. Creada por Rober Popper, inquieto colaborador de Peter Serafinowicz, amigote de Edgar Wright y dueño de un interesante currículum (de South Park a Peep Show, pasando por The Inbetweeners), el acierto de esta miniserie inglesa de breves y renovables seis capítulos, reside en el casting no solo de la familia, sino de las visitas que van recibiendo semana a semana, coronadas por el siempre genial Mark Heap, como el vecino tímido e intimidante no tan secretamente enamorado de Mamá Goodson (la también siempre genial Tamsin Greig). FND resulta un simpático aperitivo o un fresco postre que vale la pena engullir. / Pablo Conde

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Viernes a las 23 por I-Sat

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