21/09/12 Entrevistas, Medios
Gus Van Sant habla de Boss

Como Martin Scorsese con Boardwalk Empire, Gus Van Sant respondió al llamado de sirena de las series de televisión. La suya se llama Boss: un drama épico y sombrío que sondea el teatro de la política y su trastienda, y que ya va por su segunda temporada. / Entrevista Olivier Joyard
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De la Palma de Oro a la dirección de una serie para televisión antes había un abismo. Pero hoy parece que el camino es absolutamente coherente a los ojos de los aventureros. Es el caso de Gus Van Sant, ícono del cine independiente estadounidense desde fines de los ochenta (Mi mundo privado, Gerry), rey del Festival de Cannes en 2003 con Elefante y ahora responsable de uno de los mejores logros televisivos del último año.
Boss es un drama político ultrasombrío situado en Chicago, cuyo corrupto alcalde sexagenario, Tom Kane (interpretado por Kelsey Grammer, antes en Cheers y en Frasier), esconde a la mayoría de sus allegados y a sus conciudadanos que tiene una enfermedad neurodegenerativa mortal. Con una precisión fría, la serie explora los meandros de este cerebro en vías de descomposición. Duro, violento, impulsivo, Kane se aferra al poder y se revela capaz de todo por conservarlo.
Muy rápidamente, la enfermedad parece haber afectado al mundo alrededor suyo. Es la hazaña de la serie, capaz de diagnosticar el estado de una democracia al observar sus elementos más degradados aspirando al mismo tiempo a cierto grado de éxtasis poético. Dirigido por Gus Van Sant, el piloto de Boss es un modelo de crueldad y de encanto, una mezcla que solo él podía hacer existir. Y cuyos secretos solo él nos puede revelar.
¿Cómo fue que empezaste con Boss?
Gus Van Sant: Aterricé ahí un poco de casualidad. Nunca había filmado una serie pero quería intentarlo hacía mucho tiempo. Era un estreno muy cool, aunque no conocía personalmente ni al creador de la serie, Farhad Safinia, ni al protagonista, Kelsey Grammer. Nos contactamos vía nuestros respectivos agentes. Con el guión, fuimos a ver a varios canales. Starz fue el primero en decir que sí. Su dueño es Chris Albrecht. Ya había trabajado con Albrecht cuando él estaba en HBO, en la época de Elefante. Es el hombre que puso al aire Los Soprano y The Wire. Nos pidió directamente ocho capítulos.
¿Cuál fue tu papel en la primera temporada de la serie?
Primero filmar el capítulo piloto, es decir el primer episodio que tiene que introducir al espectador en la serie y al mismo tiempo darle el tono. No pisé la sala de guionistas. El artífice del show y la primera fuerza creativa desde un punto de vista narrativo es Farhad Safinia. Yo tenía que crear las reglas visuales que los directores pudieran seguir después. El director de fotografía Kasper Tuxen había visto todas mis películas. Buscamos juntos un sistema estético que pudiera ser replicado. Filmamos entonces en decorados reales. Intenté algo que había intentado en Mi nombre es Harvey Milk pero sin mucho éxito: usar la cámara de D.A. Pennebaker y Richard Leacock, los documentalistas de los sesenta considerados los padres del cinéma vérité. Don’t Look back, la película sobre Bob Dylan de Pannebaker, nos influyó muchísimo así como Crisis, un documental de Robert Drew sobre JFK, Robert Kennedy y el movimiento de los derechos civiles, que salió en 1963 y que usamos casi como una guía. Retomé motivos de mis propias películas, particularmente los grandes primeros planos, que había trabajado en Drogas, amor y muerte y en Mala noche, mis dos primeros largometrajes. En la tele, el tamaño de la pantalla permite acercarse a las pieles.
¿Cómo hiciste para que los ocho episodios fueran coherentes?
Escribí mis recomendaciones para los otros directores, con instrucciones sobre la colocación de la cámara. Después del rodaje del piloto, me quedé como productor ejecutivo. Ayudé en la sala de montaje pero sobre todo supervisé la mezcla de sonido. Considero que el papel del director no está tan lejos del papel del productor o ingeniero de sonido de un disco. Es siempre una etapa importante en mis películas y quise insistir en eso con Boss: trabajar la ambientación sonora, ya sean las voces, los ruidos o la música.
“Nunca había hecho una película de ocho horas. Esto se parece mucho, y sentí realmente la especificidad de la serie para televisión.”
¿Miraste otras series mientras hacías Boss?
No soy espectador de series contemporáneas. Solo vi Boardwalk Empire porque actúa Michael Pitt. Le pregunté cómo era. De más joven, miraba muchísima televisión pero dejé de hacerlo en 1970.
Tu única incursión en la política, Mi nombre es Harvey Milk, era mucho más optimista que Boss…
Boss tiene un costado shakespeareano muy marcado. No es una historia heroica como Mi nombre es Harvey Milk. Pero las dos cosas me interesan. Acá, se muestra el lado malo de los manejos, el maquiavelismo, lo que la política les hace a los hombres, a veces su horror.
¿Luchaste por imponer tu mirada?
Para nada. Tomemos las escenas de sexo. En los ochenta y noventa nos peleábamos por poder poner escenas de sexo en nuestras películas. Pero hoy, en las series del cable, parece que el culo se volvió casi una obligación. Los responsables del canal nos pidieron que agregáramos más porque, según ellos, ¡no había suficiente sexo! Por eso, experimenté usando una cámara especial para la cámara lenta.
¿Qué aprendiste de esta experiencia?
Nunca había hecho una película de ocho horas. Esto se parece mucho, y sentí realmente la especificidad de la serie para televisión, la relación con lo íntimo que ella permite, su forma de mostrar un relato. Se puede llamar a esto soap opera o usar el término “épico”, es lo mismo: una mezcla de trivialidad y de ambición novelesca.
Hace diez años, un director de tu calibre jamás se hubiera puesto a hacer televisión. Hoy, Martin Scorsese y David Fincher también lo están haciendo…
Esto de directores de cine “prestigiosos” que hacen tele es realmente nuevo. Buscamos una libertad que nadie nos quiere ofrecer en otro lado. Los dueños de los canales, por su parte, persiguen el prestigio de las firmas. Creo que esto viene de la implosión del negocio cinematográfico. En los Estados Unidos ya no hay salas de cine arte. Fueron reemplazadas por grandes complejos que proyectan estrenos. Los dramas tradicionales migraron mayoritariamente hacia el cable. Quedan pocos lugares por ocupar en la gran pantalla. No me quejo sobre todo porque tengo la suerte todavía de poder hacer películas, aunque sea con menos plata que antes.
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Boss
De Farhad Safinia
Con Kelsey Grammer y Connie Nielsen, entre otros.












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