6/07/12 Medios
Malena Pichot, no cualquiera

Hace algunos años fue furor en Internet con La loca de mierda, una serie de videos autorreferenciales que nacieron a partir de una idea muy simple, y antes de extinguirse como una moda pasajera, Malena Pichot decidió tomarse en serio el oficio de comediante. Luego de recorrer –y ayudar a construir– el circuito del stand up local y de probar suerte como actriz a las órdenes de Juan José Campanella en El hombre de tu vida, hoy está a cargo de Cualca, el segmento humorístico con espíritu revoltoso que se coló en el aire de Duro de domar una vez a la semana. / Por Lucas Garófalo. Fotos Luis Sens
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Por donde pasa, Malena Pichot deja su marca, y no han sido pocos los lugares recorridos en apenas cinco años de carrera. Despegó en Internet, como todo y todos en esta época, subiendo a YouTube sus propios videos humorísticos de edición casera, en los que se interpretaba a sí misma sufriendo hasta lo patético el abandono de un ex novio. Esa miniserie online se llamaba La loca de mierda –un título como para no pasar desapercibida– y duró, en lo que podríamos decir que fue su primera temporada, dieciséis episodios. Hasta ese momento, año 2007, no había en la Argentina un antecedente de humorista que aprovechara el poder de las redes sociales. Malena lo hizo intuitivamente, con una formación de actriz más bien básica, mientras trabajaba de correctora en una editorial y estudiaba letras. El experimento se viralizó a tal punto que en 2009 dio el primer salto: La loca de mierda pasaba a MTV para su segunda temporada, veinticuatro nuevos episodios prácticamente en la misma sintonía que los anteriores. El cambio de medio y de plataforma no afectó al contenido, poniendo en evidencia algo que más adelante sería una constante en su carrera: de la gran cantidad de propuestas que recibe, Malena solo acepta aquellas que le permiten poner sus condiciones (esto implica decirle que no a Adrián Suar, por ejemplo).
En simultáneo, siguió autogestionando sus propios espacios de humor y se volcó al stand up, otra disciplina importada de los Estados Unidos, con poquísimo desarrollo en nuestro país. Sin referentes a nivel local, Seinfeld fue su guía máxima gracias a una adolescencia pegada al canal Sony. Pichot, como su apellido instantáneamente ligado al linaje rugbier permite suponer, fue, es y será una cheta de Belgrano, algo de lo que no solo no reniega sino que habitualmente usa a su favor en los monólogos. En sociedad con el actor Ezequiel Campa, le dio forma a Ellos, un espectáculo de stand up políticamente incorrecto en el que cada uno por separado despotricaba sin filtro contra todo tipo de instituciones y prejuicios, en especial los de la clase media alta.
Ese nivel de exposición trajo consigo una buena cantidad de nuevos fans, entre los que aparecería el director Juan José Campanella, que, luego de conocerla personalmente en Falso impostor, el programa de radio conducido por Gillespi del cual Malena es columnista (sí, también se le animó a la radio), la convocó para actuar en El hombre de tu vida. Una vez más, no pasó desapercibida: por su papel fue nominada al Martín Fierro como revelación, que no ganó. Esa noche el programa competía con El puntero en varias categorías, y finalmente fue la serie protagonizada por Julio Chávez la que se alzó con el Martín Fierro de Oro. Al respecto, Malena dijo: “Esto es cualquiera, señores, estamos cansados de ver series de villeros y de chorros, ¡basta de gente pobre!”. Bocona, y sarcástica por naturaleza, Pichot no se guarda nada y ostenta un perfil alto que, por ahora, ha sabido sostener.
Su última criatura, un brevísimo segmento de humor titulado Cualca que sale los miércoles en Duro de domar, el programa conducido por Daniel Tognetti en Canal 9, lleva apenas unos meses en el aire pero ya se ha convertido en una de las sorpresas más agradables de la televisión abierta. En un contexto donde lo que se entendía como “el humor” era un enano disfrazado con una peluca, Malena y su pequeño equipo de actores (Charo López, Julián Kartun, Julián Doregger y Julián Lucero) lograron filtrar sketches de tres minutos cuyos objetos de burla pueden ir desde el ambiente publicitario hasta los obstetras inescrupulosos pasando por los conductores de C5N, en un vale todo justiciero, voraz y a veces absurdo. Más allá de ese contenido “zarpado”, Cualca también se distingue por la calidad visual de esos tres minutos que llegan a la pantalla, que poco tienen que ver con la tradición estética de los programas humorísticos locales que podrían llegar a considerarse afines, desde Cha Cha Cha a Todos x $2. No hay antecedentes de algo así en la TV argentina.
ENTREVISTA > Los sketches de Cualca aparentan un nivel de producción demasiado alto para su brevedad. ¿Qué tanto trabajo hay detrás de esos minutos que salen al aire?
Malena Pichot: Antes que nada, me alegra mucho que eso se vea, porque la verdad es que sí, es un montón de laburo. Para hacer dos sketches de tres minutos nosotros estamos de ocho de la mañana a nueve de la noche. Hay una producción muy cuidada, y la verdad es que hay muy poca plata para hacerlo, así que gran parte del mérito es de la gente de Building Motion Ideas, que es la productora con la que trabajamos. Afortunadamente son muy idóneos y saben hacer mucho con poco.
¿Qué tan poco?
A ver… Naturalmente la gente de PPT (la productora de Diego Gvirtz) puso plata en esto, pero… No quiero decir que no nos pagan, porque sí que nos pagan, pero también hay mucho de amor al arte, y de que todos los que formamos parte de Cualca teníamos el sueño de hacer sketches de humor en la tele. De hacer un humor distinto, sobre todo. Obviamente también está la apuesta de ver qué pasa dentro de un tiempo si esto funciona. Pero bueno, el vestuario que usamos lo conseguimos nosotros, el maquillaje lo conseguimos nosotros, los autos para ir de una locación a otra corren por nuestra cuenta, etc. Es algo que sale en TV de aire, pero la realización es muy de guerrilla.
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“Un día hacemos un sketch feminista, y al día siguiente uno totalmente absurdo que no tiene ninguna bajada moral, ni política, ni nada.”
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¿Le encontrás algún antecedente local a Cualca?
No, no creo que haya, porque nuestras referencias son ideas que se han llevado a cabo en Internet en el extranjero, sobre todo en los Estados Unidos. La idea es hacer humor, pero que se vea bien, porque finalmente eso contribuye a que el público se quede mirando. ¡Te hace bien a los ojos! En ese sentido, yo creo que la forma a veces también es contenido, porque más allá de que cuando se habla de Cualca no se menciona mucho su calidad estética, en algún punto la gente lo está mirando porque se ve bien.
¿Cómo llegaron a ocupar ese lugar en Duro de domar, un programa en el que la idea de humor era bastante distinta?
Un día me llamó Diego Gvirtz para tener una reunión, y yo pensé que me iba a ofrecer trabajo como panelista. Apenas llegué, dije “¡no voy a ser panelista!”, y me dijeron “no, tranquila, no te íbamos a ofrecer eso”. En realidad no sabían muy bien qué querían de mí. Me preguntaron qué me gustaría hacer, y yo les dije la verdad, que mi sueño era hacer un sketch de humor, pero que la realización corriera cien por ciento por cuenta mía. Más o menos como lo que hacía en MTV, pero con producción. Yo ya tenía una idea en la cabeza, porque venía de varias reuniones con otras personas, que al final siempre quedaba truncas. Era raro, esperaban de mí cosas que me sorprendían. Yo pensaba “pero… ¿en serio me estás llamando para esto? Evidentemente no me conocés. Googleame, por favor”.
¿Esa idea inicial ya era lo que hoy vemos en Cualca?
Sí. Les dije “somos cinco actores”, y les fui vendiendo lo que me imaginaba. Apenas me pidieron que propusiera algo pensé en este grupo, porque, más allá de que sean amigos míos, son muy talentosos y yo los admiro muchísimo. Además, ellos hacen un montón de cosas que a mí me cuestan mucho, como por ejemplo personajes. Yo no soy buena para eso, y ellos son geniales, entonces nos complementamos desde ese lado. Por suerte se coparon todos, porque además, al ser amigos, todo funciona mejor.
¿Por qué creés que en PPT te lo aceptaron?
No tengo ni idea, porque encima era medio complicado: yo les hablaba de que quería que tuviera una calidad de publicidad, que se viera muy bien, y la gente de la tele realmente tiene otros parámetros. No entendían muy bien qué significaba “que se viera bien”. La verdad es que confiaron un poco a ciegas, algo que agradezco.
¿Ustedes entregan los segmentos ya terminados, sin que PPT los vea antes?
No solo eso, sino que además los entregamos muy sobre el día que eso sale al aire. No hay vuelta atrás. Por suerte nunca se quejaron, ni nos dijeron que teníamos que hablar sobre esto o aquello. Es buenísimo poder trabajar con esa tranquilidad, y más para nosotros, que a veces decimos cosas medio bravas.
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“Me cuesta pensarme en términos de popularidad, no sé si quiero eso. Popular es Midachi.”
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Bravas para la tele, pero en Internet es más normal. ¿Creés que esa brecha de a poco se va achicando?
Más o menos. A mí todavía me parece que son públicos distintos. Yo tengo amigos que no miran mucha tele, y ven Cualca directamente en Internet. Además pensá que en Duro de domar justo tenés que agarrar esos tres minutos. Igualmente, sí es cierto que un sketch como el de los piropos –que fue uno de los primeros, en el que yo le daba un tiro en la cabeza a uno chabón que me decía una guarangada y me mostraba la pija– en Internet no causa demasiado revuelo, pero en la tele es fuertísimo. Para mí era lo más que eso saliera al aire. Yo pensé “ya está, acá me sacan cagando”, pero no, estaban re contentos. A partir de esos primeros episodios ya entendieron cuál era la onda, para dónde iba a ir.
En otra época hubiera sido un escándalo…
Claro, era impensado. Pero bueno, cuando yo empecé, que fue hace apenas cinco años, también era impensado que la tele levantara videos de YouTube. Era una locura, y ahora es lo más normal del mundo. La velocidad de la modernidad es tremenda. ¡Yo siento que estoy en esto hace veinte años! Paradójicamente, por el mismo motivo siento que la tele de hoy está quedando desesperadamente vieja. La ficción, sobre todo, es de un nivel de antigüedad que ya fue.
¿Te parece que a partir de Cualca pueden empezar a surgir otras propuestas?
Deberían, ¿no?
Te lo pregunto porque imagino que Alfredo Casero o Juana Molina en su momento pueden haber pensado algo similar, y terminaron siendo ejemplos más bien aislados.
Y que además no funcionaron. ¡A Cha Cha Cha lo sacaron porque no lo veía nadie! Ahora todos hablan de Cha Cha Cha, pero yo me acuerdo que en el último programa Casero decía “bueno, esto no puede estar en la tele”. A mí me pasa que me cuesta pensarme en términos de popularidad; no sé si quiero eso, más allá de que hoy me parezca imposible. Popular es Midachi. Yo no puedo llegar a ese nivel de masividad, y está bien que así sea, porque no quiero. Hoy, por ejemplo, me conformaría con tener media hora de programa semanal con la gente de Cualca. Eso me encantaría.
Ni Cualca ni La loca de mierda tienen claros referentes locales. ¿Cómo llegaste al humor?
Más que nada por herencia familiar. Mi viejo es el payaso de la familia, y mi hermano también: cuando él miraba a Monty Python yo estaba siempre al lado. Y después, crecí con Sony. Mi adolescencia la pasé mirando una sitcom tras otra. ¡A los dieciséis me sabía monólogos de Seinfeld de memoria! Por eso casi no tengo referentes acá. Salvo Casero, no hay ningún comediante local de los clásicos que me vuele la peluca.
Después de La loca de mierda y tu incursión en el stand up, siempre sola, ¿tuviste que aprender a hacer humor en grupo para Cualca?
Fue ante todo una necesidad. Si te quedás solo, quedás vacío. Creo que uno se nutre del intercambio con otras personas. En Cualca, por ejemplo, las ideas las vamos tirando entre todos, más allá de que después yo sea la que estructure eso y lo baje a un guión. Es más laburo, pero también es más satisfactorio, y me doy cuenta porque a mí ahora los videos de La loca de mierda no me gustan más. Me siento más identificada con Cualca. Es lógico, creo: pasó el tiempo, y esto tiene más calidad. Además estoy trabajando con amigos. Si estuviera haciendo esta experiencia grupal con gente que me chupa un huevo, seguramente sería un problema. Pero así está todo bien.
Has trabajado con gente que a priori no tiene mucho que ver con vos, como Campanella…
Puede ser que no tenga tanto que ver, pero incluso antes de conocerlo personalmente yo había quedado muy impresionada con una película suya, El mismo amor, la misma lluvia. Le respeto mucho algo que quizás esté relacionado con mi constante referencia yanqui, y es que él de alguna manera tiene ese tono americano en sus comedias. Para mí, en el cine argentino, están Esperando la carroza, Cien veces no debo, Cara de queso y esta que te digo. Fuera de eso, tengo muchísimos problemas con el cine local, cosas que me sacan de quicio.
¿Con qué te encontraste cuando lo conociste?
Con un tipo muy generoso, que todo el tiempo se nutre de gente nueva. Eso no suele pasar en la Argentina. Acá los grandes por lo general no tienen la capacidad de hacer escuela. Pero Campanella sí. A mí, sin ir más lejos, más allá de mi papel, también me invitó a escribir, a participar de los guiones de algunos episodios.
¿Quedaron muchos proyectos por la mitad hasta que lograste darle forma a Cualca?
Bastantes, sí. Yo le digo que no a un montón de cosas, básicamente porque no tengo hambre. Si tuviera hambre quizás estaría haciendo un montón de otras boludeces.
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CUALCA
Miércoles a las 22 en Duro de domar, por canal 9. Con Malena Pichot, Charo López, Julián Kartun, Julián Doregger y Julián Lucero.












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Malena: me encanta lo que haces en DDD si necesitas alguna buena, ignota y vieja actriz tomame una prueba.¡supongo que alguna vez necesitarán una madre, una suegra, una tía.!