9/05/12 Medios

No está muerto quien pelea


La desaparición de los formatos físicos es un temor que apremia desde hace un tiempo. ¿Batalla perdida o reactivación? / Pablo Conde

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Ya es costumbre –buena, mala, quién lo sabe– que en estas páginas se hable de los progresos de la digitalia, ese universo de avanzada que arrasa con todo, llámese formatos, sistemas, dispositivos y demases, haciendo de la apología a la tecnología una analogía del futuro no-analógico: una constante escalada hacia un lo que vendrá que nunca para, ni parará. A diferencia de las historias sin final de Michael Ende y Wolfgang Petersen, donde la Nada se comía todo, aquí el rol de voraz devorador le toca a algo apenas más humano: esa imperiosa necesidad de quemar etapas, de reemplazar todo lo táctil y físicamente concreto por inexpugnables combinaciones de unos y ceros, digital reconstrucción de un mundo pluscuamperfecto, onanista práctica en pos de un más y mejor que puede no serlo. El afán de sentir que eppur si muove lleva a muchos a declarar todas las muertes posibles con anticipación, en plan regodeo visionario: ahora, con pasmosa seguridad, dicen que al DVD le queda apenas un año de vida. Quizás sea comprensible el apremio. Todo cambia –sería presuntuoso y extremadamente optimista decir “avanza”– a una velocidad previamente insospechada gracias a la necesidad de que el futuro sea hoy, pero esta vez puede que estén equivocados. Los agoreros de turno son los responsables del sitio The Degree 360, que parten de un estudio del mercado estadounidense con un dato fuerte: en el último cuatrimestre de 2011, la empresa Netflix perdió casi tres millones de suscriptores en su servicio de entrega a domicilio de DVD, mientras siguen creciendo sus más de 24 millones de usuarios del sistema de películas online, lo que indica que hasta lo digital conquista, aplasta, derrota a lo digital. El círculo de la vida, dirán los resignados evolucionistas.

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La mejor forma de reactivar el mercado local no es cerrarles la puerta a todas estas opciones, sino fortalecer la producción autóctona de material nacional e importado. Estacar, revigorizar, respaldar, apostar por la cultura.

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La quema de formatos de video hogareño fue cada vez más veloz. Si descontamos la corta vida comercial del Betamax, fallido por razones de marketing, el reinado del VHS fue el más extenso, con el Laserdisc buscando en vano tambalear las estanterías de los videoclubs. Hasta la triunfal entrada del DVD, usurpador y destructor de la corona analógica, señor de la venta directa y las ediciones exhaustivas, plagadas de extras y cajas mononas, que hacen del coleccionismo cinéfilo un mayor placer. Hasta la aparición del Blu-ray, que sin embargo parece no prender del todo, al menos en el mercado local, donde el problema es aún mayor. Teniendo el dinero en la mano, hoy en día es muy difícil salir a la calle decididos a comprar una película en particular, en DVD o Blu-ray, y volver victoriosos. Lo mismo sucede con la compra online en dominios com.ar, incluso si los títulos elegidos como ejemplo son Austin Powers o Gremlins, ni qué hablar de Bergman, Godard o Frank Capra. O de cine nacional. Con un mercado empobrecido –sólo quedan tres o cuatro editoras de video–, una cantidad peligrosamente decreciente de videoclubs, una menor oferta de títulos de venta directa y la siempre pujante piratería, el panorama no es de lo más prometedor. En el estudio de TD360, sin embargo, hay un dato que aviva cierta esperanza: la suscripción a servicios de streaming online deja menor ganancia a las empresas que la venta física de películas, llámese DVD o Blu-ray. Desatender esa ecuación en cualquier lugar del mundo fue, es y será un error: la gente sigue confiando en los formatos físicos, en especial cuando se trata de coleccionismo. Ese es el camino a seguir. Si a pesar del plomo que contienen los libros, lo exorbitantes que resultan los vinilos importados y la falta de subtítulos de las insuperables ediciones de Criterion, el consumidor interno sigue apostando a comprar en el exterior, es porque elige productos que, simplemente, acá no existen. La mejor forma de reactivar el mercado local no es cerrarles la puerta a todas estas opciones, sino fortalecer la producción autóctona de material nacional e importado. Estacar, revigorizar, respaldar, apostar por la cultura. Después de todo, quién no querría, por ejemplo, una buena caja que compile lo mejor de la filmografía de Lynch, Bergman, Godard o Frank Capra. O Christensen, Fregonese, Torre Nilsson, Kuhn, Gleyzer

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