31/07/12 Música
Fabulosos Calavera

El Siempreterno nació casi por casualidad y rápidamente se convirtió en una banda fundamental del rock nacional: en Hacia el mar de carbón, el Cadillac Sergio Rotman agiganta el mito de su banda de culto cantándole a la muerte. / Por Sergio Martín
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Existe una banda en la Argentina que no dio más de diez shows en vivo, pero agotó todas las entradas que puso a la venta. Tienen apenas dos discos. Están liderados por el matrimonio que componen un Fabulosos Cadillacs y una cantante puertorriqueña, que viven la mayor parte del tiempo en Centroamérica, y manejan sus asuntos laborales y musicales de manera independiente y autogestionada, por afuera de la industria, los sponsors y los grandes festivales. Es, podríamos decir, la última gran banda de culto del rock argentino. Nacieron casi de casualidad, pero hoy se terminan de constituir gracias a un segundo disco apabullante.
En el comienzo, fue un proyecto paralelo. Sergio Rotman tenían algunas canciones nuevas y otras que le habían quedado de su época al frente de Cienfuegos (una aventura más que encaja en la categoría “de culto”), y decidió armar una banda junto a su mujer, Midnerely Acevedo, con quien comparte la música de Mimi Maura, para grabarlas. El enfoque era diferente: en lugar de tocar ritmos centroamericanos, iban a retomar el rock de dientes apretados y el post punk oscuro de Cienfuegos. Para eso sumaron a Ariel Minimal, el virtuoso guitarrista de Pez, a Fernando Ricciardi –otro Cadillac y ex Cienfuegos– en batería, y a Álvaro “Ruso” Sánchez en bajo. Se bautizaron “El Siempreterno”, y así se llamó también su disco debut, que salió en 2010, y que fue terminado casi sin querer. Cuenta la leyenda que, con las bases listas, Rotman fue a lo de Minimal para ver si quería grabar las guitarras de un tema, y Minimal grabó las del disco entero en una tarde. A partir de esa anécdota, entonces, la principal diferencia que existe entre Hacia el mar de carbón y su predecesor es evidente: este álbum fue concebido con un grupo ya consolidado. Al escucharlo se nota. Si en su debut sonaban como una banda de rock crudo que interpretaba sin fisuras las canciones pasionales de Rotman, esta vez el resultado es aún más contundente. Sobre todo porque, más allá del progreso natural que los músicos puedan haber hecho luego de acostumbrarse a tocar juntos, hay un tema que sobrevuela todo el disco, un hilo conductor temático, que le da mayor coherencia, y que le calza perfecto a la oscuridad de El Siempreterno: Hacia el mar de carbón habla sobre la muerte, de punta a punta. Abre con un breve arpegio acústico titulado “Nota suicida”, y cierra con un suave rasgueo, también acústico, en “El corazón de Jesús”. Son los únicos momentos despojados del disco. En el medio, once canciones furiosas.
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La principal diferencia que existe entre Hacia el mar de carbón y su predecesor es evidente: este álbum fue concebido con un grupo ya consolidado.
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Minimal grabó su parte en una tarde, decíamos sobre el debut, pero acá las guitarras se multiplican y se entreveran, con distorsión y podredumbre, en un trabajo que, paradójicamente, es más fino y más rústico al mismo tiempo. La textura que logra el líder de Pez le da al disco su tono apocalíptico, potenciado por un bajo monstruoso que casi nunca abandona el primer plano. Técnicamente no fue así, pero la interacción precisa entre los instrumentos y las voces da la sensación de que la banda hubiera grabado este disco en vivo, con todos los músicos tocando al mismo tiempo. Incluso en temas más complejos que los de su álbum anterior, se las arreglan para sonar más ajustados en cada corte, en cada cambio de ritmo, en cada solo alucinado de Minimal.
Hacia el mar de carbón, con su temática mortuoria, es un disco urgente. Golpeados por el fallecimiento de algunos seres queridos, Rotman y Mimi se refugian en ellos mismos, fortaleciendo aún más el núcleo duro de la banda. Cantan juntos todas las canciones, en un sentido muy literal: dicen las mismas frases, al mismo tiempo, como si no quisieran separarse. Esa es una de las claves para empezar a entender el fenómeno de El Siempreterno y su fiel séquito de seguidores: la idea de comunión, y la posibilidad de cantar. Porque, a diferencia de las bandas más cercanas a su círculo, como Pez y Los Natas, y más allá de un sonido denso, lo que Rotman tiene para ofrecer no dejan de ser canciones. En ese sentido se los puede emparentar con Massacre, aunque el renovado optimismo de los liderados por Walas contraste con la amarga visión del mundo que plantea El Siempreterno.
Hacia el mar de carbón fue presentado en vivo el mes pasado, el mismo día de su lanzamiento, lo que significa que ninguno de los asistentes al show había escuchado las canciones nuevas. Nadie sabe, tampoco, cuándo van a volver a tocar. “Es un suicidio artístico”, dijo Rotman. Por ese lado hay que buscarle la lógica a El Siempreterno, una banda casi invisible pero fundamental para el rock argentino.
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EL SIEMPRETERNO
Hacia el mar de carbón
(Canary/Oui Oui)












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