11/07/12 Música
Hot Chip: Inteligencia colectiva

Luego de algunas aventuras solistas, Hot Chip vuelve al estudio con un disco luminoso, frágil y robótico. Algo queda en evidencia: el todo es más que la suma de las partes. / Por JD Beauvallet
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El Reino Unido está en crisis? ¿Qué crisis? En su quinto disco, Hot Chip practica alegremente la negación a través de un pop irreal en el que no hay lugar para lo cotidiano. Monjes budistas, soul albino, electrónica onírica y colorida: ni el menor indicio de que Londres está al borde de la explosión. A la vez tensa y relajada, robótica y humana, su música es el oasis que esperábamos en el desierto carbonizado de la música urbana inglesa. El grupo aprendió el principal fundamento del pop electrónico escuchando a los grandes, de Kraftwerk a Daft Punk, de New Order a LCD Soundsystem: la humanidad frágil de las canciones debe contrastar con la mecánica marcial de los ritmos. Joe Goddard, cofundador de la banda, nos ilumina: “Es exactamente así, un poco como cuando Sly Stone utiliza una caja de ritmos, algo a la vez muy duro y sensible.”
En el norte de Londres, encontramos a Hot Chip frente a la gigantesca prisión de Pentonville. La vida en pocos metros cuadrados atestados, insalubres y sin luz natural es algo que ellos conocen muy bien. En su caso, el encierro es una elección. “Nuestra vida social siempre giró alrededor de la música: pasear por las disquerías, leer revistas de música, ir a recitales, investigar sonidos en nuestras habitaciones”, confirma Joe. “El estudio representa un lugar de placer, de juego. Uno de los pocos lugares en donde nos podemos comportar como niños sin que sea un problema. Hasta hace poco, el estudio era también mi habitación, me encantaba ir de la cama a la computadora sin tener que levantarme.”
Algunas semanas antes de los primeros recitales, en esta sala tenebrosa como una morgue, Hot Chip ensaya con orquesta pesada: cuatro teclados, una guitarra, un percusionista/bajista/lo que sea, y una baterista fenomenal. A medida que avanzan las canciones, la configuración muestra su geometría variable, cada uno salta en varias ocasiones para cambiar de instrumento, golpear alguna cosa o manipular perillas. Con su pinta de pajaritos caídos del nido, los músicos forman sin duda la banda menos sexy del pop inglés.
Pero Hot Chip compensa con la indignante sensualidad de su música, sus lentos crescendos, sus orgasmos indefinidamente sostenidos: son estrellas porno con cara de vírgenes. Hay que decir que en el canto de Alexis Taylor, el otro miembro fundador, tienen un arma secreta y extraña, una voz quejumbrosa y carnal que posee mil cantos más, de los falsetes de Will Oldham a los arrullos de Curtis Mayfield o de Prince.
En su revoltijo de pop y electro, su amontonamiento de coros intensos, de texturas en milhojas y de ritmos imposibles, Hot Chip evoca el frenesí que animaba a Talking Heads en la época de Remain in Light (80). Pero en jogging, sin almidón, sin teorías, solo por la felicidad física de salir, de tambalearse juntos, de acelerar un poco las partículas. Incluso aunque Hot Chip vire hacia lo monstruoso, la banda se mantiene siempre leal a la baja fidelidad, su marca de nacimiento.
“Cierta música cobra vida cuando estamos juntos y nos trasciende, con momentos de felicidad, de éxtasis, y una energía muy positiva.”
Este lo-fi se esconde en las cuerdas vocales de Alexis, en la guitarra endeble, en los sintetizadores de feria, como un grano de arena entre lo reluciente, lo que les impedirá caer en lo ordinario. En el estudio, una versión de la fenomenal “Flutes” vira hacia lo cósmico, y cada cuerpo se agita con espasmos de felicidad: es lo que ordena esta canción desordenada, anormal, cambiante. “La banda ancha revolucionó nuestra escritura hace quince años”, cuenta Alexis. “Cuando comenzamos, perdíamos mucho tiempo, mientras que ahora todo es conciso, preciso. Jugamos al ping-pong con los archivos informáticos. Podríamos arrepentirnos de la falta de espontaneidad, pero a mí me encanta trabajar con este tipo de restricciones, de encuadres formales.”
Joe Goddard continúa, revelando el singular método de trabajo del dúo. “Cuando compongo, pienso siempre en lo que Alexis va a rechazar, en lo que va a aportar a la canción, ¡y siempre me equivoco! Es lo lindo de nuestra relación: siempre estamos sorprendidos, abiertos. El ego no tiene lugar entre nosotros, solo importan las canciones. No hablamos nunca de nuestra forma de trabajar, sería molesto. Yo continúo enviándole bucles de sonido, motivos matemáticos que diseño en mi pantalla. Son tanto gráficos como música: Alexis transforma esos elementos en pop. A causa de su escritura, nuestras canciones son casi imposibles de tocar en el piano o en la guitarra.” Alexis ríe sarcásticamente: “Lo que me parece pop y accesible, en general no funciona. Soy muy malo juzgando”.
En la sala de ensayo, la banda discute lacónicamente elecciones cruciales al comienzo de la gira: ¿cuál será el orden de las canciones? ¿Cómo las encadenaremos? ¿Qué porcentaje de nuevos temas? No hay ningún manager en el rol de dictador, ningún publicista que meta presión: solo cinco chicos y una chica perplejos frente a la inmensidad de sus creaciones, humildes frente a canciones más grandes, más misteriosas, más sofisticadas que ellos.
“La banda ancha revolucionó nuestra escritura hace quince años”
Parecen sobrepasados, abandonados por una belleza que los atraviesa, los agita, los abate: hacerse más preguntas sería un sabotaje, un suicidio. Alexis: “Hay una magia que nos sobrepasa cuando somos Hot Chip, nuestras escapadas como solistas son más… normales. Pero Hot Chip está fuera de las normas: cierta música cobra vida cuando estamos juntos y nos trasciende, con momentos de felicidad, de éxtasis, y una energía muy positiva”.
Sus proyectos como solistas son incontables y a menudo apasionantes (The 2 Bears, New Build, Band & Olufsen, About Group y más). Extrañamente, tenemos la sensación de que solo las entrevistas les permiten abordar juntos esas infidelidades a Hot Chip, con cierto malestar. Joe: “Hace quince años que trabajamos juntos y todavía me duele no estar implicado en sus proyectos como solista. Pero como en toda relación tan intensa, es bueno tener un cable a tierra, otros centros de interés, simplemente libertad”.
Para excusar esas infidelidades a la casa matriz, ambos evocan una necesidad física de música que Hot Chip, muy lentamente, solo satisface con cuentagotas. “No tengo idea de qué son las vacaciones”, confirma Goddard. “Estoy perdido cuando no trabajo. Al cabo de dos días de reposo, ya compuse tres canciones, estoy pegado a mi computadora con los auriculares en los oídos. ¡No soy la mejor compañía para la familia!”
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Hot Chip
In Our Heads
(Domino)












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