18/04/12 Música
Love at the Bottom of the Sea, de The Magnetic Fields

Todavía no sabemos muy bien qué pasó entre Stephin Merritt y sus sintetizadores hace ya casi diez años, pero imaginamos que la pelea debe haber sido fuerte y pasional, porque desde entonces el genial cantautor se empeña en no poner el menor teclado en sus discos. Para compensar, lanzó una serie de álbumes temáticos: i (04), cuyos catorce títulos comenzaban por la letra “i”, Distortion (08), en el que todas las melodías pasaban por la minipimer de pedales de distorsión en homenaje al Psychocandy de The Jesus and Mary Chain, y Realism (10), casi completamente acústico, el último disco de la trilogía sin teclas. Dos años después, la cabeza pensante y un poco retorcida de The Magnetic Fields ¿habrá tenido el tiempo suficiente para dejar cicatrizar las heridas y así reconciliarse con sus teclados? Todo parece indicar que sí. Love at the Bottom of the Sea es el gran renacimiento de los sintetizadores, y un regreso hacia el sonido que hizo conocida a la banda en los lejanos años noventa.
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Love at the Bottom of the Sea es el gran renacimiento de los sintetizadores, y un regreso hacia el sonido que hizo conocida a la banda en los lejanos años noventa.
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Si bien nos reencontramos aquí con las napas melódicas, eléctricas, sombrías y espaciales de sus comienzos (canciones como “Infatuation” y “I’ve Run away to Join the Fairies”, entre otras), en este último álbum, mucho más festivo e incluso cómico que los anteriores, la banda se dedica principalmente a disfrazarse de Of Montreal (o al menos a inspirarse en su grandilocuencia). Por momentos Merritt incluso parece copiar la voz de Kevin Barnes después de aspirar helio, sobre todo en un puñado de canciones con una euforia contagiosa (“Your Girlfriend’s Face”, “God Want Us to Wait”, “The Horrible Party”). El efecto es instantáneo. Al escuchar estas gemas pop, bailamos como en el circo, tenemos convulsiones, y hasta los perdonamos sin dudar un segundo por acercarse tanto a lo grotesco (“Going Back to the Country” suena como Los Ositos Cariñosos de ácido). El conjunto es un poco demasiado kitsch, pero sí que dan ganas de estar feliz de la vida. / Ondine Benetier.
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The Magnetic Fields
Love at the Bottom of the Sea
(Merge/Domino)












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