9/06/12 Música

“No tengo ganas de hablar sobre Can”


Cuatro décadas pasaron ya desde que Damo Suzuki dejó su huella personal en Can, precisamente en tres discos indispensables, Tago Mago, Ege Bamyasi y Future Days. Hoy, el músico japonés vive un presente guiado por una “energía libre”, en sus propias palabras, y no quiere saber nada de aquella banda alemana de la que por estos días sale a la luz una serie de grabaciones perdidas con el nombre de The Lost Tapes. / Entrevista Santiago Delucchi. Foto Matías Corral.

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Ya se ha hablado bastante sobre el krautrock y su onda expansiva: ese movimiento de rock alemán de principios de los setenta que fue engrosando su culto hasta volverse influencia determinante (del post punk al post rock, de los experimentalistas a los revivalistas). Can fue uno de sus grupos insignes, acaso el más completo. Todo comenzó cuando dos ex estudiantes de Stockhausen, el bajista Holger Czukay y el tecladista Irmin Schmidt, se prendieron al fulgor de la psicodelia y decidieron unir fuerzas con el baterista Jaki Liebezeit y el guitarrista Michael Karoli. A ese combo se le sumaron, en distintos momentos, las voces de Malcolm Mooney y Damo Suzuki. Y fue con el cantante japonés que despacharon su trilogía dorada: Tago Mago (1971), Ege Bamyasi (1972) y Future Days (1973). Suzuki, que venía de actuar en las calles, le dio espontaneidad y mística al rigor académico de la banda. Su canto se volvió, literalmente, un instrumento más.

Cuarenta años después de aquel pico creativo, y luego de pasar un tiempo alejado de la música, Damo sigue guiándose por su sentido de la improvisación. El lenguaje, como siempre, le es ajeno. Porque lo que a él le interesa es la “energía libre”, algo que se genera cuando sube a escena junto a sus “soportes de sonido” (sound carriers: músicos de los lugares en los que se presenta). Así se lo pudo ver, dos veces, en nuestro país: primero en 2004 (con Reynols), y después en 2009 (con Pez y Compañero Asma, entre otros). De su pasado con Can, ni noticias: este gurú espiritual del free rock está en otra.

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Hace poco se proyectó un documental sobre tu última presentación en Buenos Aires…
Damo Suzuki: ¿En serio? No lo conozco… ¡Debería chequearlo! ¿Cómo es?

Se llama Alter Sapukai! Damo Suzuki en Argentina. ¿Qué recordás de tus visitas porteñas?
La otra noche, justamente, me presenté en Londres y hablé con un argentino que me dijo que le gustaría verme de nuevo por allá. Tengo algunos amigos porteños acá en Europa. Buenos Aires es una de mis ciudades favoritas, junto con Barcelona, Bolonia y San Petersburgo. Es una ciudad sentimental… No conozco otros lugares del país. Algún día me encantaría visitar la Patagonia.

Tus presentaciones en vivo suelen ser grabadas. ¿Te interesa el formato audiovisual?
Lo que pasa arriba del escenario es un momento único. Algunas personas, por suerte, se dan maña para documentarlo. Ahora hay un cineasta de Milán al que se le ocurrió hacer un film: Never Ending Movie. Su idea es documentar mi “Never Ending Tour”. En los últimos tres años, filmó y recolectó material visual de mis performances alrededor del mundo.

 

“Me gustan las cosas que estoy haciendo ahora, sin ser forzado por nadie. Para mí, es muy simple: si encuentro un buen restaurante, entonces, ¿por qué no compartirlo con algunos amigos e invitarlos?”

 

De un tiempo a esta parte, girás solo y tocás con músicos locales (sound carriers). ¿Qué te motivó a hacer esto?
Comencé este proyecto como una forma de manifestarme contra todo tipo de violencia. Fue a partir del 20 de marzo de 2003, cuando los Estados Unidos bombardearon Irak. Quise demostrar mi oposición a mi manera, viajando por el mundo. Cualquier cosa que hagas tiene que tener tu sello… O mejor aún: tu propia filosofía. Hay un momento en que cada persona debe tomar esta decisión: no dejarse influenciar por nada ni nadie. Por eso fuimos creados así. Cada uno debe asumir esta responsabilidad consigo mismo. La idea es dar un paso más allá y sentir la “energía libre”. No obligo a nadie a creer en mí; no soy ese tipo de persona. Mi motivación, en todo caso, es motivar a otros.

Es una experiencia solitaria y colectiva a la vez. ¿Cómo resultó hasta ahora?
La experiencia es muy buena. Todo es más lento, pero me permite hacer nuevos amigos por todos lados. Los sound carriers suben al escenario y tocan conmigo: tratamos de unirnos y abrimos nuestras mentes para crear algo en comunión. El público que asiste a este tipo de performances no debe valerse de la violencia bajo ninguna circunstancia. La idea es que abran sus corazones y entren en un mundo musical. Los productores locales curan a los sound carriers. No tengo manager: es una empresa de un solo hombre. Hago simplemente todo por mí mismo para ser libre. Y los resultados que tengo, después de cada show, son siempre caras sonrientes. Eso me incentiva a seguir.

Alguna vez dijiste: “Cuanta menos información tenés en tu cabeza, más libre sos”. ¿Seguís pensando así, aun en estos tiempos de superabundancia digital?
Todavía lo pienso, sí. Al menos cuando se trata de ser creativo. Si mirás un lienzo o una página en blanco, vas a encontrarte con miles de posibilidades; no hace falta que mires la idea de otro por encima de su hombro. Ni siquiera escucho la música de los sound carriers con los que voy tocar. Es lo que llamo “energía libre”. Todos formamos parte de una suerte de proceso natural, y nos dejamos llevar por esa cosa del “veremos qué pasa”. Si algo te está controlando, o te está condicionando, entonces no habrá “energía libre”. Internet, de alguna manera, es un buen desarrollo. Pero plataformas como Facebook y Twitter te mantienen alejado de lo básico. No apoyo esas redes que parecen darte cosas sin cargo y, al mismo tiempo, ganan una gran suma de dinero con información tuya. Son lobos vestidos con trajes de ángeles. Tenés miles de amigos… ¿Pero son realmente tus amigos? Viví en la realidad, no en la simulación. Lo mismo se ve en el chat: muchas máscaras y pocas caras, muchas mentiras y pocas cosas reales. Cuesta encontrar confianza de verdad. Son tiempos de crisis para la confianza.

 

“Plataformas como Facebook y Twitter te mantienen alejado de lo básico. No apoyo esas redes que parecen darte cosas sin cargo y, al mismo tiempo, ganan una gran suma de dinero con información tuya. Son lobos vestidos con trajes de ángeles.”

 

Te alejaste de la música durante casi una década, justo después de irte de Can. Y volviste a cantar por un llamado de sanación…
Justamente, no sé si todos lo saben: me encontraron un cáncer hace casi treinta años. Luego de sobrevivir a una operación sin transfusión de sangre, me llevó mucho tiempo volver a la normalidad. ¿Pero qué significa ser normal? Lo cierto es que, cuando uno pasa por semejante experiencia, nunca más se vuelve a ser como antes. Por eso, poco después, decidí hacer las cosas que realmente llevo en mi corazón. Entonces empecé a cantar de nuevo.

¿Le asignás un poder curativo al canto y a la música?
Me gustan las cosas que estoy haciendo ahora, sin ser forzado por nadie. Para mí, es muy simple: si encuentro un buen restaurante, entonces, ¿por qué no compartirlo con algunos amigos e invitarlos? Es parte de las fuentes y los flujos de energía en los que creo.

Se ha especulado mucho con la semántica de lo que cantás. ¿Te interesa jugar con eso? ¿Nunca sentiste la necesidad o el deseo de comunicar algo con una letra directa?
La comunicación no se hace solo de palabras. El cuerpo y el alma también hacen sentido. Podés hablar quince idiomas diferentes, pero no tener ningún interés en política, economía, cultura o deportes; podés hablar, pero no comunicarte: la persona a la que le hablás no va a prestarte atención o se va a aburrir. Entonces, si no tenés en cuenta al otro, no va a haber comunicación. Pero la música en sí misma ya tiene ese poder de comunicar; ya tiene un mensaje. Estoy interesado en la física cuántica: mis palabras sin sentido hacen que las personas inventen sus propias historias a partir de lo que escuchan arriba del escenario. Esto es algo interactivo. Las personas que se reúnen en un mismo lugar, por lo general, tienen sus propias historias. Y eso es natural: cada persona es diferente.

Este mes sale The Lost Tapes, una caja de tres discos que reúne material inédito de Can. ¿Lo escuchaste?
Sinceramente, no tengo ganas de hablar sobre mi período en esa banda alemana. No me gusta usar mi energía en cosas que no cambian y nunca lo harán. Lo siento, no tengo interés: prefiero seguir moviéndome por mi propio camino.

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando escuchaste la canción “I Am Damo Suzuki” de The Fall?
Pensé que se trataba de otro Damo Suzuki.

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