28/02/12 Música

Sendero luminoso


Con El Camino, su disco más accesible, plagado de hits potenciales, los estadounidenses de The Black Keys confirman que lo suyo es el rock moderno, bailable y eufórico. Historia de dos chicos de barrio que la pegaron. / Por Stéphane Deschamps

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Dan Auerbach, el cantante y guitarrista de The Black Keys, lo afirma fríamente: no sintió nada especial cuando se enteró, como todo el mundo, en febrero de 2011, de la separación de The White Stripes. Sin embargo, en su lugar, quizás hubiéramos expresado al menos un “uff” de alivio. El camino está finalmente libre, el horizonte despejado: The Black Keys ya no tendrán que sufrir la comparación con aquellos – motivo recurrente del rock’n’roll circus mediático. Esta competencia entre las dos bandas comenzaba a volverse exasperante, sobre todo para The Black Keys, eternos segundos. Pero no era infundada. Dos bandas espejo y vecinas, al comienzo. Dos dúos garaje formados con pocos años de distancia en la costa del lago Erié (Detroit para The White Stripes, Akron para The Black Keys), en el gran norte postindustrial de los Estados Unidos. Dos bandas de rock puro y duro, con pocas pulgas y muy trabajadores, que franquearon uno tras otro los pasos que llevan a la gloria. Dos bandas que, estos últimos años, siguieron la corriente hasta dejar el norte para instalarse en la misma ciudad del sur, Nashville. “Jamás me crucé con Jack White. No creo que salga mucho. Es una rock-star”, explica Dan Auerbach.

Hasta el momento, la principal diferencia entre The White Stripes y The Black Keys se resumía en tres palabras: “Seven Nation Army”. Un hit enorme para The White Stripes en 2003, que se volvió un himno, un clásico, una canción-fenómeno como aparece cada diez años. En esa época, The Black Keys abandonaron la competencia con The White Stripes: tienen muchas buenas canciones pero no verdaderos grandes hits como aquel.

 

“Éramos vecinos, nos hicimos amigos. Cuando empezamos realmente a hacer música juntos, después de la escuela, nos conocíamos hacía ya ocho años. Buscábamos nuestro camino, una puerta de salida.” (Pat Carney)

 

Los caminos empezaron a cambiar el año pasado con Brothers, el sexto álbum de la banda. Videos graciosos, un par de hits independientes, y ventas mundiales que sobrepasan el millón y medio de copias. The Black Keys atravesaron entonces un escollo. Su nuevo álbum, El Camino, pavimentado de oro, podría llevarlos a la cima. En este disco hay un montón de canciones hiteras, correspondientes a ese género impreciso que escucharemos en las publicidades de la tele de autos de alta gama y que enloquecerán a las masas en los recitales: rock’n’roll á la americana, sexy, ligero y nervioso, ultramelódico y con mucho groove, con guitarras inquietas y coros de chicas de Tennessee.

El Camino ya se anuncia como un futuro clásico. El disco se editó una semana después de la reedición de Some Girls de The Rolling Stones, y viene muy bien: los dos discos parten de la misma vena, inflada, del rock’n’roll que hace mover el cuerpo. “Es mi álbum preferido de los Stones” –confiesa Pat Carney (el baterista); “estoy seguro de que escuchamos ‘Miss You’ grabando El Camino”. “Sí, escuchamos los Stones de los setenta. Y The Clash, The Sweet, Jonathan Richman, The Cars, bandas con canciones pegadizas. Todo eso nos inspiró para este disco”, agrega Dan.

El Camino se grabó en cuarenta días en el estudio de Dan en Nashville. “Una eternidad para nosotros”, comenta (habían concluido su segundo álbum, el inalterable Thickfreakness, en cuatro días, mezcla incluida, en el subsuelo de Pat). Los quince primeros días para la música, el resto para los textos y las melodías, compuestas con el productor Brian Burton, a.k.a. Danger Mouse (mitad de Gnarls Barkley, entre otros).

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La colaboración entre Danger Mouse y The Black Keys había comenzado en 2004 para la grabación de un álbum de la vieja leyenda Ike Turner –proyecto abortado por la muerte de Turner. Es la tercera vez que Danger Mouse trabaja en un disco de The Black Keys, y la primera vez que deja estallar su talento como compositor de melodías. Pat: “La melodía es Brian, tiene oreja para eso. Con Dan empezamos por hacer los bocetos musicales de a dos. Después nos juntábamos con Brian para componer las melodías. No parábamos hasta que no encontrábamos la mejor melodía o la más simple”.

En la tapa de El Camino se ve la foto casi documental de una vieja camioneta. No está estacionada ahí por azar: se trata del mismo modelo (pero no del mismo color) que el que llevó a The Black Keys en la gira durante los dos primeros años de la banda. “El aire acondicionado no funcionaba. Le habíamos sacado los asientos de atrás para poder dormir ahí. El material estaba atrás en una caja de merchandising”, se acuerda Dan. “Mi hermano Michael, que trabaja en el arte de las tapas desde el primer álbum, tuvo la idea de asociar el título del álbum con esta imagen. Esta tapa significa que El Camino es nuestro nuevo disco pero también que empezamos ahí, en una Van destartalada. Es también una forma de decirle a la gente que nos descubrió con Brothers que escuchen nuestros viejos discos. Pero no querría volver a salir de gira en una Van como esa”, agrega Pat, que viaja hoy en un tour-bus, con un equipo de veinte personas.

En la historia común de Pat y Dan siempre hubo medios de transporte. Se conocieron de chicos, andando en bici en su barrio de Akron. Pat: “Éramos vecinos, nos hicimos amigos. Cuando empezamos realmente a hacer música juntos, después de la escuela, nos conocíamos hacía ya ocho años. Buscábamos nuestro camino, una puerta de salida. No éramos buenos en la escuela, no nos gustaba. Con Dan teníamos más o menos los mismos gustos, e intercambiábamos discos. Yo escuchaba Blues Explosion, Pavement. A Dan le gustaban mucho los viejos blues, que yo no conocía. Coincidíamos en T. Model Ford, Captain Beefheart, cosas como esas. Dan me hizo descubrir Junior Kimbrough, yo le hice descubrir The Stooges”.

Pat y Dan son entonces dos retoños de padres separados, de clase media, con un poco de música en sus genes: el tío de Pat, Ralph Carney, toca el saxo con Tom Waits y hay músicos de bluegrass en la familia de Dan. A veces, Dan toma la ruta con su padre, en dirección a Tennessee o a Mississippi, para descubrir en su salsa a los últimos grandes gigantes del blues. En la época de su primer álbum, en 2002, The Black Keys se ganaban todavía su vida cortando el césped en Akron (Pat había montado un pequeño negocio para eso). Desde entonces, muchas cosas cambiaron, pero la esencia es la misma; el mismo discurso y las mismas caras hirsutas. Alcanzados por la gloria, The Black Keys se hicieron de abajo y quieren remarcarlo. Inútil sobreactuar la cultura de la calle: todos sus discos, del blusero The Big Come Up hasta El Camino, todas sus canciones tienen olor a óxido, a suburbio postindustrial, a sudor, a motor que recalienta, al verdadero rock’n’roll y a los Estados Unidos profundos.

 

“Escuchamos los Stones de los setenta. Y The Clash, The Sweet, Jonathan Richman, The Cars, bandas con canciones pegadizas. Todo eso nos inspiró para este disco.” (Dan Auerbach)

 

En Pat y Dan podemos ver a Creedence, Pete Seeger, Tom Petty, incluso a John Mellencamp. Dan: “Son músicos interesantes porque no se casaron con nadie, sólo hicieron grandes canciones. Jamás compré un disco de Tom Petty pero conozco todas sus canciones porque crecí en el Midwest, en la rust belt [el “cinturón industrial”, zona geográfica donde se desarrollaron las industrias pesadas]. Todo lo que hicieron The Black Keys es un homenaje al Midwest, al Estados Unidos de los obreros”. Pat: “Las ciudades donde mejor me siento son Chicago, Cleveland, Detroit, Milwaukee, porque comprendo sus lugares y a su gente. La historia no cambia jamás: la gente se instaló ahí para trabajar en las fábricas, fue la única razón. Hoy no hay más trabajo y tienen que partir”. Dan: “La foto de la tapa de El Camino, ese parking casi abandonado, es Akron. Por eso nos fuimos”.

En Nashville, entonces. Esperamos –soñamos, incluso– que The Black Keys terminen por encontrarse allí con Jack White y se hagan amigos con un par de guitarras en llamas de por medio. No existen las casualidades: Black & White son dos palabras que van muy bien juntas.

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El Camino
(Warner)

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