12/09/11 Sociedad
American Paranoid S.A.

A diez años del 11-S, la sociedad estadounidense actual es hija del militarismo en busca de la “superarma” que cristalizó en la bomba atómica, pero también de la literatura de ciencia ficción y del cine que moldearon su imaginario cultural. Entrevista exclusiva con el historiador H. Bruce Franklin, autor de War Stars, un libro que nace de estos cruces entre Hollywood y paranoia. / Por Andrés Criscaut
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¿Por qué el diseño de las nuevas armas parece salido de películas futuristas? ¿Por qué nunca más se uso la bomba atómica desde 1945? ¿Por qué se siguen empleando los bombardeos sobre civiles, una de las técnicas de combate demostradamente menos efectivas? ¿Es el terrorismo una nueva expresión del mundo del espectáculo? Nadie mejor para explicar estas zonas que bordean las fantasías, los medios de comunicación y las armas de destrucción masiva que H. Bruce Franklin (EE.UU., 1934), reconocido historiador de la cultura y la política estadounidense, admirado por Isaac Asimov, Noam Chomsky y Carl Sagan, entre otros. Pero la visión de este especialista sobre la narrativa y las ambiciones estadounidenses va más allá de lo académico. Su enfoque también está marcado por su experiencia en la american working class como obrero fabril, y por haber vivido de cerca el famoso “complejo militar-industrial” como piloto durante tres años del Comando Aéreo Estratégico, que desde 1946 mantiene constantemente en el aire una flota de bombarderos con misiles nucleares listos para una definitiva Tercera Guerra Mundial atómica. Tras salir del ejército se doctoró en Letras en la Universidad de Stanford, pero su oposición a la guerra de Vietnam y su militancia de izquierda le valieron en 1972 ser un de los primeros docentes de EE.UU. expulsados de su cátedra por factores políticos. Como académico publicó varios libros sobre Herman Melville (otro soñador de monstruosas destrucciones) y sobre la producción literaria en las cárceles estadounidenses, entre otros. Pero en 1988 sus escritos traspasaron las aulas universitarias y alcanzaron un público masivo con War Stars: la Superarma y la imaginación americana, un original abordaje de la mente yankee que continuó en 2001 con Vietnam y otras fantasías norteamericanas. Ambos textos, dos clásicos de los estudios político-culturales y que fueron actualizados tras los ataques del 11- S, aparecen por primera vez en la Argentina traducidos al castellano por la editorial Final Abierto. Con el lanzamiento de War Stars: guerra, ciencia ficción y hegemonía imperial (así su título en estas latitudes), Los Inrockuptibles tuvo la oportunidad de entrevistar en exclusiva a este cirujano que diseccionó ese siglo XX de donde venimos, y visionario del XXI al cual quizás no nos guste tanto llegar.
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En tus libros resaltás varios casos en los que los estadounidenses fueron “engañados”: el incidente que inició la guerra en Vietnam, la inexistencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein, incluso hasta podríamos incluir la reciente invisibilidad del cadáver de Bin Laden. ¿Creés que los estadounidenses son especialmente maleables por los medios y la política?
H. Bruce Franklin: El pueblo de los Estados Unidos tiene enormes problemas para separar y distinguir la diferencia entre la verdad y la mentira, la realidad de la ficción y la conspiración de la incompetencia. Esto se debe a que hemos sido sistemática y continuamente engañados por nuestro propio gobierno y la corporación mediática, especialmente por el imperio controlado por Rupert Murdoch. Nuestra cultura ha sido penetrada por Hollywood, la televisión y toda una parafernalia de ilusiones audiovisuales.
¿Cuánto hay de teorías conspirativas en el ensamble de la historia estadounidense?
No es posible entender la historia sólo en términos conspirativos, pero para aquel que ha crecido en la cultura estadounidense del siglo XX y de esta década del XXI es muy difícil romper este esquema. Además, algunas de las acciones del gobierno estadounidense son tan escandalosamente incompetentes que crean un caldo de cultivo para todo tipo de teorías conspirativas: la guerra “secreta” y encubierta en Vietnam, Laos y Camboya, las guerras y golpes de Estado de la CIA en Asia y América Latina, y las historias especialmente inventadas para justificar las sostenidas guerras e invasiones de Afganistán en los años setenta del siglo pasado, el Líbano en 1956, Cuba, la isla de Granada, Irak o Libia, por citar simplemente algunas.
¿Incluirías en esta lista los atentados de 11 de septiembre de 2001?
Las dudas son muchas: cómo fue que los terroristas pudieron entrenarse en el manejo de aviones sin ningún problema en Florida; que hayan podido secuestrar cuatro jumbos con simples navajas; que uno de los aviones haya estado volando sobre el país antes de estrellarse sobre una de las Torres Gemelas sin activar ninguna de nuestras “inexpugnables” defensas aéreas; cómo concebir que la administración Bush haya ignorado todas las advertencias e informes explícitos de los ataques que recibieron, o que hayan dejado volver a casa a todos los parientes de la familia “real” de los Bin Laden que estaban en los Estados Unidos sin antes interrogarlos. Y qué pensar cuando los ataques le dieron a Bush precisamente lo que quería: una excusa para invadir Afganistán e Irak, algo que ya venían planeando desde antes de los atentados. Es verdad que la ficción no supera a la realidad, pero hace falta ser muy inteligente para notar la diferencia, especialmente con un gobierno y una cultura como la estadounidense, ese gran charco de confusión y desinformación.
Sí, el supuestamente inexpugnable Pentágono, un edificio militar, no civil, fue atacado, pero también es cierto que es muy difícil prevenir este tipo de ataques.
Pero es que ya no podemos seguir dependiendo para nuestra seguridad de ningún tipo de sistema de defensa, aunque esto no es algo nuevo: no nos olvidemos de aquel adolescente alemán que en 1987 atravesó todo el espacio aéreo del bloque soviético y aterrizó su avioneta Cessna en medio de la Plaza Roja de Moscú, en el corazón de la supuesta ciudad más férreamente defendida del mundo de la Guerra Fría. Además puedo asegurar personalmente que vi sorprendentes ejemplos de incompetencia cuando estuve como piloto y oficial de inteligencia en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. En War Stars cuento varios casos no muy conocidos de la cantidad de veces que estuvimos a punto de estallar en mil pedazos en un holocausto nuclear simplemente por errores, desinteligencias y desperfectos técnicos con el arsenal atómico. Esto es una muy buena razón por la cual no debemos aportar más dinero para ningún tipo de defensa misilística nuclear, la cual probablemente más que prevenir una tercera y definitiva guerra mundial atómica pueda empezarla.
Sin embargo, luego de las bombas sobre Japón, nunca más se utilizó el arsenal nuclear, y las guerras posteriores no tuvieron ni la magnitud ni el carácter de la Segunda Guerra Mundial…
Pero lo que el presidente Harry Truman ingenuamente imaginó como “el arma que traería la paz al mundo”, realmente no hizo que la especie humana viviera más segura y en paz. Al contrario. Por lo menos EE.UU. ha estado en guerra casi constante desde el fin de la contienda en 1945. Este es uno de los principales lineamientos de War Stars, donde muestro que las bombas de Hiroshima y Nagasaki representaron menos la derrota de Japón que la victoria del fascismo y de una línea de pensamiento ultramilitarista, lo que precisamente se suponía que estábamos combatiendo en la Segunda Guerra Mundial.
Dentro de tu desglose de los mitos, fantasías y paranoias estadounidenses, ¿creés que están sobredimensionadas las amenazas actuales?
Estamos terriblemente aterrorizados con la posibilidad de que grupos terroristas adquieran materiales nucleares y los puedan utilizar de forma más bien casera, como la famosa “bomba sucia”, un explosivo convencional pero “enriquecido” con materiales radioactivos, como desechos radiológicos o de laboratorios médicos. Pero esto ha sido amplificado por un sistema paranoico que quizás comenzó dos meses después de los atentados del 11- S, cuando la cadena Fox de Murdoch lanzó la serie 24, que duró diez años en pantalla, casi doscientos capítulos, y que mediante una revolucionaria manera de mostrar los hechos en “tiempo real”, logró convencer a decenas de millones de estadounidenses de que sólo un Estado policíaco que utilice cualquier método concebible, incluso la tortura, puede prevenir un atentado nuclear.
¿Y qué rol cumplió en esto la “amenaza islámica”?
Bin Laden encontró lo que quería: atraer a Washington para involucrarse en una guerra sin salida en el corazón del mundo musulmán. En definitiva, logró destruir a los dos “imperios del mal” en el mismo lugar: Afganistán, donde en los años ochenta del siglo pasado derrotó a la Unión Soviética y ahora lo está haciendo con los Estados Unidos en una guerra interminable de desgaste. Los medios de comunicación y la industria del espectáculo usaron la amenaza islámica para mantener en constante expansión su aparato estatal de control policíaco, para normalizar la tortura, legitimar el estado de guerra permanente en cualquier lugar del planeta, para diseñar crisis económicas que releguen los conflictos de clases y que disuelvan cualquier tipo de esperanzas de un futuro más humano y libre. En tal sentido ambos, Washington y sus supuestos adversarios islámicos, se unieron en el propósito común de mantener al pueblo estadounidense en un estado perpetuo de terror, amenaza y guerra.
Como militante antibélico y de izquierda, ¿cómo creés que puede ser leído tu libro War Stars por las nuevas generaciones?
Intenté mostrar cómo la ciencia ficción tuvo un rol fundamental en el diseño ideológico y en los planes de la segunda administración de George W. Bush para alcanzar la largamente soñada hegemonía mundial de la Pax Americana. Entre otras cosas, el libro gira en torno a la obsesión americana por la “superarma”, desde la idea del submarino del siglo XVIII hasta el caleidoscopio de mitos e ilusiones que son el corazón de la actual fiebre de guerra permanente de comienzos del XXI. Se basa en mi convicción de que no se puede luchar exitosamente contra la amenaza del militarismo e imperialismo estadounidense si no se tiene una profunda comprensión y una visión multidisciplinaria de la cultura de la cual emergió. War Stars está pensado para los jóvenes de hoy que no vivieron ni siquiera la Guerra Fría y que la “intuyen” a través de una impresionante industria del espectáculo y de la memoria. Espero que vean lo importante de entender eso que perciben como algo que “ya fue”, viejo, alejado y aburrido, pero que es crucial analizar y evaluar críticamente si se quiere retomar la lucha por un mundo más justo, menos violento y libre de la amenaza de la autodestrucción.
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War Stars: guerra, ciencia ficción y hegemonía imperial (Final abierto).













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