16/08/12 Sociedad
El futuro incierto de Assange

En lo que se espera sea un jueves y viernes negro para el poder político internacional (y no precisamente por la caída de ninguna bolsa ni por la crisis europea), el gobierno de Ecuador anunció el asilo diplomático para Julián Assange, el creador de Wikileaks, aquella web que en 2010 y en acuerdo con varios medios internacionales (The Guardian , The New York Times, Le Monde, El País y Der Spiegel) publicó al menos doscientos cincuenta mil cables secretos de la diplomacia de casi todos los países del mundo. Nadie se salvó (ni si quiera Ecuador) del ojo de Assange.
Después de pasar más de quinientos días de arresto domiciliario, donde para no aburrirse condujo un programa de entrevistas para Rusia Today, pasó dos meses en la embajada que Ecuador tiene en Londres. La orden es clara: apenas Assange saque una mano por la ventana o un pie fuera de la Embajada ecuatoriana, quedará detenido. El australiano recibió la extradición a Suecia, donde fue denunciado por dos mujeres por delitos sexuales, aunque él sostiene que esos encuentros fueron bajo acuerdo de ambas partes.
Las razones de la puja son claras: para la capital inglesa Assange es reclamado por Suecia por un delito común, pero para Quito es un claro perseguido político por haber puesto en evidencia información clasificada de, por ejemplo, las guerras de Afganistán e Irak. No resulta complejo dibujar un mapa de los enemigos del creador de Wikileaks: no recibe apoyo ni asilo de su país natal por su cercanía con Downing Street, ni de la comunidad Europea por su “solidaridad” entre sí.
De todas maneras, el viajecito de Assange podría no terminar en Suecia. Existe la posibilidad de que Estocolmo conceda una nueva extradición a Estados Unidos, donde tiene una causa por la publicación de los cables en 2010. El remate se cae de maduro: ya sabemos lo que hace el Pentágono con los enemigos públicos y es de público conocimiento la postura de varios de sus Estados en relación a la pena de muerte.
Ahora bien, ¿por qué Latinoamérica? ¿Por qué Ecuador? No es novedad que en esta última década hay una clara inclinación a elegir líderes de izquierda en la región, y que Assange, buen conocedor del mapa político, jamás hubiese elegido a un país como Colombia, aliado de Washington, para irse de paseo. En estas últimas horas, el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño dio once razones para darle el asilo, por ejemplo: “Si Assange ingresara en prisión preventiva en Suecia, no podría defenderse y correría un grave riesgo durante ese periodo de ser extraditado a Estados Unidos.”
Pero la razón principal se remonta a abril de este año, cuando en una charla amistosa el hombre detrás de Wikileaks entrevistó al mandatario Rafael Correa, donde hablaron de la prensa ecuatoriana. “Bienvenido al club de los perseguidos”, ironizó el Presidente. También, desde 2010 el gobierno ecuatoriano se mostró solidario con la causa Assange, y en varias oportunidades tanto el presidente como el vice manifestaron su predisposición a ayudarlo.
Por estas horas sólo queda esperar a ver qué pasa. Lo cierto es que para que este asilo diplomático (no político, se trata de categorías distintas) se lleve a cabo, el gobierno inglés tiene que disponer un salvoconducto para que Assange pueda salir. En el Foreing Office no les hace mucha gracia este asunto, y mencionaron la competencia que tiene el Estado en relación a quitarle el estatus diplomático a una embajada (una medida sin precedentes) y poder así entrar a capturarlo. Pasará, pasará, pero, ¿el último quedará? / Agustina Gewerc












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