26/05/12 Sociedad
Karl Lagerfeld, la vida modelo

A los setenta y ocho años, Karl Lagerfeld, diseñador y director de Chanel, fotógrafo, estilista y celebridad, es hace rato uno de los íconos culturales que atravesó el siglo XX para seguir en la cresta de la ola en el XXI. Con un pie en lo tradicional y otro en lo moderno, polémico y elitista, el Káiser ataca de nuevo y reflexiona en una entrevista exclusiva sobre la tecnología y aquello que hace a la esencia de la moda. / Entrevista Marc Beaugé
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Sus karlismos –como él mismo llama en su página web a sus siempre picantes declaraciones– son tan inagotables como su energía: le puede decir sin empacho gorda a Adele, siliconada a Lana del Rey, asegurar que la clase media no tiene clase suficiente, opinar que los griegos –en plena crisis–, bueno, no son sucios pero tienen hábitos repugnantes; entrar a la exposición que homenajea en París a Louis Vuitton diciendo despectivamente: “Bonitas valijas”. Chasquea los dedos y un centenar de celebridades vuelan para que él los fotografíe con versiones de la chaqueta negra que creó Coco Chanel para el libro que presentó hace unas semanas en Tokio junto a Carine Roitfeld; retrata a Florence Welch para el arte de su último single; aparece con un parche vendado en su autorretrato para la tapa de la revista i-D; es objeto de interés constante de los medios: todo esto pasó en los últimos meses y nunca nadie se cansa de Karl Lagerfeld. Ni él mismo. A los setenta y ocho años, con un pie en lo tradicional y otro en lo moderno, el Káiser está más afilado que nunca.
Karl se divierte, son casi las tres de la mañana. Se entretiene con sus asistentes, les dice amabilidades a algunos, pincha un poco a otros –su fama de tiránico es legendaria–; se sienta un instante detrás de una computadora, agarra al vuelo un vaso de gaseosa –Diet Coke, de la mañana a la noche– y luego retoma una discusión sobre la próxima campaña de Chanel. Antes de enfilar a paso ligero hacia su modelo de la noche, Alice Dellal, su nueva musa, mujer de mundo, rockera e imagen del bolso Boy de Chanel. Dellal tiene veinticinco años, él tiene un poco más, pero de los dos, ¿quién es el moderno? Ella dice que no le interesa la tecnología, que no tiene un smartphone y, sobre todo, que no lo quiere. No sabemos si exagera, pero incluso afirma seguir escuchando cassettes. “Quizás ese sea el colmo de la modernidad, quizás todos lleguemos a sentir rechazo por la tecnología”, reflexiona Lagerfeld, él mismo adicto a los gadgets de última moda. “En todo caso, Alice Dellal tiene actitud. Y la actitud es una noción moderna. Antaño, una dama elegante estaba bien vestida. Hoy, cualquier campesina india puede ser diez veces más chic que ella.”
Desde sus comienzos, hace más de cincuenta años, de esto se trata el trabajo de Karl Lagerfeld. Tiene que entender lo que funciona y lo que ya no, tiene que aprehender la época y adaptarse a ella para seguir siendo pertinente. Afirma que no hace de la modernidad una búsqueda obsesiva pero, más allá del personaje que construyó, su fuerza está evidentemente en esa capacidad de renovación. Vive en su tiempo y cambia la nostalgia por la curiosidad. En su casa, en la calle de Lille número 7, en el enorme estudio fotográfico en el que tiene, según él dice, alrededor de diez mil libros, no deja de interrogarnos. Como venimos de Los Inrockuptibles, quiere saber qué pensamos de Lana del Rey y de Azealia Banks. Sobre todo quiere saber lo que está por salir. Le hablamos de Django Django. “Voy a ir a comprar el disco mañana a la mañana”, responde.
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ENTREVISTA > ¿Te acordás del primer objeto tecnológico que te fascinó?
Karl Lagerfeld: Cuando era chico, teníamos un tocadiscos para 78rpm. Se guardaba en una pequeña valija roja y se lo podía transportar. En esa época, era maravilloso.
¿Sos de decir “antes era mejor”?
No, sería absurdo. Entiendo que se puede sentir una fascinación por el pasado cuando no se lo vivió. Pero cuando se lo conoció y se lo prefiere al presente, mejor dejarlo atrás. En cuanto pensamos que antes era mejor, el presente se vuelve vintage y uno mismo se vuelve de segunda mano. En cuanto a la ropa, eso puede ser algo que envidiar. Para un individuo, nunca es deseable.
¿No sentís esa deferencia hacia el pasado que tienen muchos creadores de moda?
Tengo razón, ¿no? No quiero considerar, como algunos lo hacen, que mis vestidos son obras maestras en peligro. Siguen siendo productos de consumo. Los panaderos no guardan su pan. Yo trabajo en mis colecciones, hago lo que tengo que hacer, el resto pasa. No guardo nada, el 95% de lo que dibujo o fotografío va a la basura. Me gusta hacer, no me gusta regodearme en haber hecho. A veces me pasa que me obligo a hacer un álbum de fotos pero siempre termino por tirar todo por la borda, dejo pasar algunos meses y me encuentro sepultado bajo las imágenes. No tengo temperamento de archivista.
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“Hoy, si no estás al corriente de lo que pasa en la música, es mejor que dejes la moda y te dediques a la agroalimentación.”
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¿Como captás el espíritu de la época?
Yo miro todo, quiero conocer todo, saber todo. Detrás de mis anteojos negros, tengo los ojos bien abiertos. Cada mañana leo el diario, a veces durante más de dos horas, en francés, en inglés, en alemán. Estoy sobreinformado. Siempre hay que aprender, ser curioso. Es muy peligroso pensar que se sabe todo. Y al final, de todo eso, queda algo que no es del orden de lo consciente. No puedo decir qué es lo que me influencia, y me rehúso a analizarlo porque si lo hago, me vuelvo una víctima del marketing. No soy una persona seria, las cosas me pasan por el alma. Trabajo con el instinto, sin hacerme una montaña de preguntas.
¿Qué te interesa de la tecnología?
Forma parte de la época, y la época no se adaptará a mí. Soy yo el que lo tiene que hacer. Entonces tengo que interesarme en eso. Hoy, ya sea por la comunicación, por el trabajo, por la creación y los materiales, todo es tecnología. Que se puedan guardar millones de fotos en un aparato tan pequeño como este (muestra un iPhone) me fascina. Hace no tanto tiempo, la gente tenía miedo de subirse a un avión. Luego comprendieron que no estaba tan mal. Tuvieron un walkman y les pareció bueno… Me fascinan esas innovaciones tecnológicas porque no crecí con eso.
¿Qué tecnología usás en tu vida cotidiana?
Soy muy Apple. No me gustan para nada los Blackberrys, la calidad de las fotos no es buena y no me gusta su teclado. No soy una secretaria. Tengo varios iPad siempre conmigo, ya que cada uno me sirve para tareas bien específicas. También tengo cuatro iPhone diferentes. No le doy el mismo número a todo el mundo, entonces no sé quién me podría llamar a un teléfono o a otro. También tengo siempre dos o tres iPod conmigo. En total, debo tener varias decenas.
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No soy una persona seria, las cosas me pasan por el alma. Trabajo con el instinto, sin hacerme una montaña de preguntas.
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¿Varias decenas? ¿Cómo consumís la música?
Compro CDs, los escucho, y los que me gustan realmente los pongo en un iPod y los fecho con mes y año. Es crucial. Hoy, si no estás al corriente de lo que pasa en la música, es mejor que dejes la moda y te dediques a la agroalimentación.
¿Leés en la pantalla?
La información la leo en la pantalla, pero la lectura, la verdadera, necesita papel. Todavía soy un adicto al papel. Tengo casi cuarenta mil libros en total, repartidos en el mundo entero. Comprar libros es una verdadera enfermedad que sufro, pero de la que no deseo curarme. Leo hasta veinte libros al mismo tiempo.
¿Cómo integrás la tecnología a tu trabajo?
Antes, enviaba mis dibujos por fax. Hoy, los expido directamente al estudio a través del iPhone o del iPad. Dibujo mucho en el iPad, en Brush. Una vez que le tomás la mano, es muy simple. Creo que dibujar en un iPad no está muy lejos del grabado. El gesto difiere del dibujo en papel, el resultado también, mucho. En mi trabajo creativo, uso muchísimo el iPad. Desde que existe, debo haber tenido unos veinte o treinta. Los uso a veces para fotos pero la calidad es mejor para los videos. Los uso regularmente para hacer los films web de Chanel.
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Entiendo que se puede sentir una fascinación por el pasado cuando no se lo vivió. Pero cuando se lo conoció y se lo prefiere al presente, mejor dejarlo atrás.
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No hablaste de Internet…
No tengo tiempo de navegar. Yo trabajo, ¿qué te pensás? Tengo que dibujar en la oficina, en casa, con mi gato que me observa. No levanto la cabeza del papel. Soy un artesano. Está lleno de cuentas falsas con mi nombre en Twitter, pero no tengo tiempo para tener una real. Tampoco tengo cuenta en Facebook. Unos socios me han disuadido de hacerlo por temor a que fueran pirateadas.
Sin embargo acabás de volver a lanzar tu propia marca, distribuyéndola exclusivamente en la Web…
Decidí hace tiempo vender por Internet. Siempre pensé que había que acercarse a la mayor cantidad de gente posible. Por eso hice una línea de ropa con H&M, aunque me lo habían desaconsejado. Hacer lo más caro, lo más bello, lo más fino, es un desafío. Pero crear un producto barato, muy bien diseñado y muy bien terminado también lo es. No sé qué es más difícil porque no los comparo. La vida no es un concurso y me gusta hacer las dos cosas. Me gusta hacer todo, tener mi nariz en todos lados. No me limitaría nunca a hacer simplemente fotos o ropa.












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